El caso del Hotel Polski

Todo aquel que haya indagado en la historia del gueto de Varsovia habrá llegado en algún momento al caso del Hotel Polski, aquel lugar que tras la liquidación del gueto se convirtió en el último reducto consentido por los ocupantes alemanes a los judíos de Varsovia y que supuso un final trágico para la mayoría de los que en él se refugiaron. Sin embargo, pocos detalles en realidad se suelen encontrar sobre el caso, aunque sí una misma idea que suele repetirse cuando se menciona (“fue una trampa de la Gestapo”) y que también acaba uno luego repitiendo.

En español encontramos algunas referencias a este episodio en dos libros sobre el gueto de Varsovia: La historia del Hotel Polski, de Beatriz Martínez de Murguía, un libro muy bien escrito y cuyo objeto no es propiamente el caso del Hotel Polski sino la vida de los escondidos en el “lado ario” de Varsovia, para los cuales este hotel se convirtió en símbolo de una esperanza de salvación (de ahí el título del libro); un segundo libro, Voces del gueto de Varsovia, muy buena recopilación de testimonios en torno a diferentes aspectos del gueto, entre ellos el episodio del mencionado hotel, visto en este caso desde el punto de vista de aquellos escondidos que se plantearon la posibilidad de dirigirse a él. En cualquier caso, tras estas lecturas en las que tanto se aprende sobre la vida dentro y fuera del gueto, cada vez que oímos mencionar de nuevo el caso del Hotel Polski nos quedamos con ganas de saber con detalle lo que allí pasó en la primavera y verano de 1943.

A tal fin puede servirnos un libro de apenas 180 páginas pero muy exhaustivo escrito por Agnieszka Haska, investigadora del Centrum Badań Nad Zagładą Żydów – Polish Center for Holocaust Research, que fue publicado ya hace años, en el 2006, y lleva por título “Jestem Żydem, chcę wejść.”. Hotel Polski w Warszawie, 1943 (“Soy , judío quiero entrar”. El Hotel Polski de Varsovia, 1943).

jestem-zydem-chce-wejsc-hotel-polski-w-warszawie-1943Esta investigación, basada en fuentes de archivo y testimoniales, además de trazarnos minuciosamente el caso, nos ofrece también detalles curiosos, como la historia de amor que estuvo en el origen de la operación de expedición y envío de pasaportes sudamericanos, pero también vergonzosos, al menos para los que somos españoles, como la falta de interés en el caso por parte de la embajada española en Berlín, representante diplomática de algunos de esos países en Alemania.

Trataré pues, por su interés, de hacer un resumen de esta investigación, ya que ofrece información pormenorizada del caso y en base a ella la autora nos hace además una interpretación del mismo sin los tópicos que siempre lo han acompañado.

Pero antes, para quienes no les resulta familiar esta historia, la autora la resume brevemente en la primera página de su libro:

Poco después de la liquidación del gueto de Varsovia circuló por la capital la noticia de que en un humilde edificio situado en la calle Długa 29 se vendían documentos de países sudamericanos que garantizaban a los judíos que se escondían en aquel momento en el lado ario una salida segura del Gobierno General hacia campos especiales de Francia en los que tendrían que esperar al intercambio por prisioneros alemanes internados por los aliados. A pesar de que seguía vivo en la memoria el dolor de los transportes que un año antes tenían que haber llevado a los judíos del gueto a campos de trabajo en el este y en vez de eso llegaron finalmente a Treblinka, donde encontraron la muerte 300.000 personas; a pesar de que en la ciudad todavía permanecía el olor a quemado del gueto tras la insurrección y a pesar de que se sabía que los organizadores de los transportes eran personas –usando un eufemismo- que no inspiraban confianza, miles de personas salieron de sus escondites y se dirigieron al Hotel Polski en busca de salvación. En Varsovia, que oficialmente, como sostenían los alemanes tenía que estar “Judenrein” –“libre de judíos”- y donde los esfuerzos de los alemanes se concentraban en atrapar a los judíos que se escondían, las autoridades alemanas, contradiciéndose a si mismas, crearon una zona extraterritorial para los judíos. En la historiografía esta trama se ha dado en llamar el “caso” o “asunto” del Hotel Polski. Estos términos nos indican el trágico final que encontró la gente que creyó en la posibilidad de salvación: de unas 2500 personas que se encontraron en la calle Długa, se salvaron sólo alrededor de 300.

Dado el trágico final, la cuestión principal que se plantea Agnieszka Haska es si toda esta operación fue o no fue una trampa minuciosamente planeada. En la historiografía polaca sobre la Shoá esta historia sólo se encuentra mencionada, no hay una monografía anterior sobre el tema, pero siempre domina en ella la interpretación de esta historia del Hotel Polski como la de una trampa preparada por la Gestapo. La aportación principal de Agnieszka Haska es precisamente la de poner en cuestión esta interpretación.

Para ello es necesario primero entender algunos antecedentes. El 23 de octubre de 1941 quedó prohibida, por orden de Himmler, la emigración de los judíos de los territorios ocupados. Esta prohibición, sin embargo, sólo podía saltarse en caso de que fuera en interés de Alemania, como lo era el intercambio de prisioneros alemanes por judíos que poseyeran pasaportes de los países aliados o neutrales.

Los judíos con pasaporte extranjero gozaban en el gueto de Varsovia de algunos privilegios: no tenían que llevar brazalete y no estaban obligados a realizar trabajos forzados. Hacerse con un pasaporte extranjero era algo sobre lo que se hablaba ardientemente en el gueto. Aunque no lo menciona Agnieszka Haska, el poeta Władysław Szlengel, el “cronista del gueto”, escribía en su poema “Paszporty” (“Pasaportes”):

Me gustaría tener el pasaporte uruguayo,
ser ciudadano costarricense, serlo paraguayo,
para en Varsovia poder vivir sosegado,
pues sin embargo es el país más bonito y amado.

La cuestión del intercambio de prisioneros se hizo más importante para Alemania a partir de la entrada en la guerra de EEUU, país donde fueron internados muchos ciudadanos alemanes. Ya en diciembre de 1941 en el ministerio de Asuntos Exteriores alemán se consideraba la posibilidad de intercambiar judíos de nacionalidad americana por ciudadanos alemanes.

En junio de 1942 salió publicada una norma por la que debían ser internados los judíos que fueran ciudadanos de EEUU, Gran Bretaña, países neutrales y enemigos de América Central y del Sur. Así, el 17 de julio del 42 en el gueto de Varsovia los ciudadanos de esos países fueron convocados en la sede del Servicio de Orden (la policía judía) para que fueran escoltados hasta la prisión de Pawiak. Recordemos que apenas 5 días después empezaría la primera gran deportación de los habitantes del gueto. Fue internado en Pawiak un grupo de probablemente no más de 100 personas. En octubre de ese mismo año el grupo ya llega a 132 ciudadanos americanos (tanto norteamericanos como sudamericanos) y 36 británicos. El 23 de octubre los hombres son enviados a un campo de prisioneros americanos en Alemania. El resto de personas internadas son enviadas a Vittel, entre ellas la famosa autora de un diario del gueto, Mary Berg. En este grupo se encontraba también Guta Eisenzweig, en cuya historia nos tenemos que detener un momento.

En el año 1938 se celebró en Varsovia la boda de la nieta del famoso tzadik Abraham Mordechaj Alter, de Góry Kalwarii. A la boda acudió toda la élite europea de judíos ortodoxos. Entre estos se encontraba el grupo representante de Agudat Israel (organización mundial de judíos ortodoxos), que buscaba una esposa para Eli Sternbuch. Durante la boda éste se fijó en Guta. Guta Eisenzweig había sido educada según la tradición ortodoxa pero había estudiado pedagogía a escondidas de su padre. Al año siguiente Eli volvió a Polonia y consiguió ver a Guta y pasar con ella media hora, pero le bastó para enamorarse locamente de ella. Poco tiempo después estalló la guerra pero Eli no se olvidó de Guta. Cuando se creó el gueto de Varsovia, Guta empezó a estudiar en una escuela clandestina ligada a Agudat y escribía asimismo artículos para el periódico “Gazeta Żydowska”. Mientras tanto, Eli enviaba semanalmente desde Suiza a Guta y sus padres paquetes con comida y medicinas, que llegaban irregularmente o a veces desprovistos de su contenido. En 1941 Eli se enteró por casualidad de que un judío de Varsovia, un tal Domb, disfrutaba de un pasaporte suizo, lo que –como ya hemos mencionado más arriba- le otorgaba ciertos privilegios. Fue entonces cuando Eli cayó en la cuenta de que podía conseguir documentos para Guta y sus padres. La familia de Eli tenía buenos contactos para conseguir documentos. Desde el principio de la guerra se implicaron en la ayuda a refugiados y a finales de 1941 habían creado una asociación de ayuda a los judíos polacos refugiados en Shangai. Gracias a sus contactos, Eli consiguió un pasaporte paraguayo para Guta y posteriormente otro para la madre (el padre había muerto en Lublin). Conseguir un pasaporte sudamericano resultaba más fácil porque no había que pasar por procedimientos muy severos, pues se podía obtener de manera ilegal. Por otro lado, daba la garantía de una momentánea seguridad debido a la posición neutral o de simpatía que habían mostrado algunos países sudamericanos al estallar la guerra.

Así pues, Guta y su madre formaron parte del grupo de mujeres que fue trasladado de la prisión de Pawiak al campo de Vittel en Francia el 18 de enero de 1943. En ese momento los alemanes no verificaron la autenticidad de los pasaportes, pero su salida existosa de Varsovia hacia una supuesta salvación hicieron que en Suiza se empezara a pensar en una ampliación de los envíos de pasaportes a Polonia. Todo esto sucedía en enero del 43, a pocos meses, pues, de la acción de liquidación del gueto de Varsovia en abril del mismo año. Además de los hermanos Sternbuch, se unieron a la idea Abraham Silberschein (fundador del comité de ayuda RELICO) y Juliusz Kühl (de la representación diplomática polaca en Berna, enlace con las organizaciones judías en Suiza). Se establecieron contactos con la nunciatura y de EEUU llegó dinero para financiar la operación. Se mantenía, por otra parte, una comunicación constante con Izaak Lewin, presidente de Agudat en EEUU.

Agnieszka Haska cita el testimonio de Judyt Truskier, que trabajaba en la única oficina de correos que quedaba en el gueto de Varsovia tras la acción de deportación del verano del 42:

Llegaban cada vez menos cartas. Faltaban dos semanas para la completa liquidación del gueto y en la oficina de correos había mucho movimiento. Precisamente se había difundido el rumor de que en Suiza se había creado una organización que tenía por objetivo la salvación y el traslado de los judíos que quedaban. Y la gente se arriesgaba, llegaba volando de todos los talleres y del gueto a la oficina de correos. Enviaban de forma masiva cartas a Suiza y con gran impaciencia esperaban cada día la respuesta.

Recordemos una vez más el testimonio de Maryla, la autora de otro diario del gueto del que sólo se han conservado algunos fragmentos y de la que ya hablamos en otra entrada del blog:

Ya he dejado completamente de pensar en el lado ario, me da todavía más miedo, como antiguamente. En algún lugar en el fondo de la consciencia late una idea perdida, retraída, insensata: Vitell [escrito así en el original], si a pesar de todo algunos lo han conseguido, ¡a lo mejor nosotros también!

Agnieszka Haska calcula que se tramitaron unos 5000 pasaportes de países sudamericanos, de los que llegaron unos 4000, principalmente a Varsovia. Sin embargo muchos llegaron demasiado tarde, tras la última acción de liquidación del gueto. No llegaron a sus destinatarios, que en su mayoría ya habían perecido.

No obstante, justo antes de la liquidación del gueto los alemanes internaron a otro grupo de judíos que poseían pasaportes sudamericanos. El grupo estaba formado por aquellos que sí consiguieron recoger a tiempo sus documentos de la oficina de correos. Los alemanes aislaron a este grupo de personas en el Hotel Royal, situado en la calle Chmielna, cerca de la estación central. De allí, el 18 de mayo de 1943 fueron trasladadas a Vittel 64 personas. La noticia de una posible salvación por esa vía se difunde por Varsovia, lo que hace que cada vez más personas acudan al Hotel Royal para intentar comprar pasaportes. El Hotel Royal se llena. En junio del 43 ya hay 100 personas, por lo que los alemanes deciden trasladarles a un edificio más grande. Eligen el Hotel Polski, situado en un lugar céntrico: en la calle Długa 29.

hotel polski 1941El Hotel Polski en 1941. Fuente: fotopolska.eu

hotel polski 2014El edificio del antiguo Hotel Polski (2014). Fuente: wikipedia.

La cuestión es que los pasaportes que fueron enviados a Varsovia y que no fueron recogidos ni tampoco se quemaron durante la destrucción del gueto aparecieron de repente –ya en el Hotel Royal- en manos de dos judíos colaboradores de la Gestapo: Leon Skosowski, conocido como “Lolek”, y Adam Żurawin. Según Haska, no se sabe cómo fueron a parar a sus manos. Los pasaportes, dada su relación con la Gestapo, los debieron recibir por esa vía, pero lo que no se sabe es si se los compraron o bien se repartían a medias el dinero que iban recaudando.

Por otro lado, había un tercer personaje en el Hotel Polski: Dawid Guzik, antiguo director del JOINT de Varsovia, que según varios testimonios ayudaba a conseguir los documentos sin cobrar por ello y que creía firmemente en el éxito de la operación.

Hay que decir también que estos tres personajes enviaron a sus familias a Vittel (todos desde el Hotel Royal), lo que descarta que hubieran urdido previamente una trampa con la Gestapo u obedecieran órdenes de ésta para llevarla a cabo.

En el Hotel Polski se vendían pasaportes y promesas de visado para Paraguay, Honduras, El Salvador, Perú y Chile. Muy probablemente gracias a las gestiones de Dawid Guzik, al final también hicieron su aparición en el hotel certificados palestinos, que se vendían muy baratos o se daban gratuitamente, pues eran considerados los menos seguros.

En la mayoría de las memorias y testimonios de los escondidos en el lado ario de Varsovia surge en algún momento el mismo dilema: ¿ir o no ir al Hotel Polski? Agnieszka Haska examina los pros y los contras que se plantearon o debieron plantearse los escondidos.

Por una parte, vivir escondido suponía una existencia de incensante inseguridad. Aunque alguien tuviera “buen aspecto” (esto es, rasgos físicos que no delataran su origen), supiera hablar bien polaco, tuviera contactos entre los polacos, documentos falsos, así como un buen escondite y dinero, siempre existía la posibilidad de ser extorsionado por un szmalcownik (leer esta otra entrada al respecto), de ser denunciado o de ser reconocido en la calle por un conocido de antes de la guerra. Contaba aquí, según Agnieszka Haska, el aspecto psicológico y la situación peculiar en la que se encontraba aquel que se escondiera: la vida que continuamente dependía de otras personas, vivir continuamente en estrés y en un espacio limitado, los recuerdos del gueto, la muerte de familiares o amigos, la monotonía de la vida de escondido. Todos estos eran factores que podían determinar la decisión de ir al Hotel Polski.

Del análisis de los testimonios se desprende que la cuestión del dinero era también determinante. Al Hotel Polski iban aquellos que tenían los medios para comprar un pasaporte. De ahí surgió rápidamente la convicción de que la posibilidad de salvarse yendo al Hotel Polski estaba reservada solamente a los ricos. En Varsovia corrían además rumores de que los inquilinos del hotel llevaban una vida regalada.

La gente que se decidía a ir al hotel no quería creer que todo pudiera ser un nuevo engaño de los alemanes. El argumento a favor de que era así era que los organizadores de la operación eran colaboradores de la Gestapo, pero el argumento en contra era que los propios organizadores habían conseguido enviar a sus familias a Vittel. Por otra parte, Dawid Guzik portaba credibilidad ante la gente. Parece que incluso las organizaciones judías clandestinas tampoco afirmaron que la operación fuera una trampa. De hecho, algunos miembros de dichas organizaciones se encontraban entre los inquilinos del hotel. Tampoco las organizaciones clandestinas polacas interpretaron la operación como tal. Por otra parte, como último argumento a favor, empezaron a llegar cartas de aquellos que habían sido ya deportados a Vittel diciendo que estaban esperando un intercambio de prisioneros. Esta noticia animó a más gente a acudir al hotel.

El hotel no fue sólo un lugar para ricos. A él también acudió gente que estaba desesperada, que se había quedado sin escondite o que no conseguía hacerse con uno o con uno nuevo. La autora señala precisamente que la decisión que se tomaba de ir al hotel –al margen de si era una decisión propia o forzada por las circunstancias- era originada principalmente por las dificultades para esconderse en el lado ario. El hotel, a pesar de todas las dudas que despertaba, se convirtió en una oportunidad para salvarse mediante la promesa confirmada de viaje, que contrastaba tan fuertemente con la amenaza diaria que implicaba el hecho de estar escondido.

Los que habían decidido ir al hotel, vivían en él y poseían ya un documento extranjero, podían en realidad salir y volver a entrar libremente en el edificio. Podía asimismo estar allí gente de paso, gente que iba para hacer negocios. Nada más entrar en el hotel había que legalizar la estancia obteniendo los documentos necesarios para el viaje y apuntándose a una lista.

En algunos testimonios se recuerdan las colas que había que hacer para llevar a cabo estos trámites. Además de los despachos de Skosowski y Żurawin, estaba el de la Auslandstelle, que se encargaba de inscribir a la gente en las listas de transporte. Según la investigadora Agnieszka Haska, las colas las hacía principalmente la gente que no tenía dinero para el viaje. Según se desprende de los testimonios, los pagos se hacían en realidad fuera de las colas mediante intermediarios o bien tratando directamente con Żurawin o Skosowski. De acuerdo con el testimonio de una mujer, que se encuentra recogido en el libro de Shulman y es citado por Haska, circulaban también por el hotel trucos para atrapar a Żurawin y a Skosowski por los pasillos para hablar con ellos:

¿Qué podía hacer para unirme al siguiente transporte? Para hablar con Adam y Lolek había que hacer cola durante mucho tiempo o atrapar a uno de ellos cuando pasba y agarrarlo con decisión por el botón de la chaqueta de manera que no pudiera irse. Seguidamente había que presentar su propio caso a un ritmo rápido y con la adecuada carga de dramatismo. Este truco de atrapar por el botón que me aconsejaron era el método más radical, pero no fui capaz de forzarme a hacerlo, así que decidí esperar en la cola.

A aquellos que “legalizaban” su estancia en el hotel y esperaban el transporte se les asignaba una habitación. Aquellos que todavía intentaban conseguir los documentos y aquellos otros “salvajes” que habían decidido no hacer la cola y se encontraban en el hotel por falta de escondite y de dinero, dormían en los pasillos, en las escaleras o incluso en el patio.

Agnieszka Haska destaca lo paradójico de la situación: que en el mismísimo centro de Varsovia, oficialmente declarado como Judenrein, existiera un lugar en el que para entrar bastara con decir abiertamente en la puerta de la calle Długa 29: “Soy judío, quiero entrar”. Así pues, por primera vez desde la creación del gueto mostrar públicamente su origen judío no suponía un riesgo para la vida.

brama dluga29Puerta de entrada del antiguo edificio del H. Polski (2015, foto propia)

En julio de 1943, en el mes en el que tuvieron ya lugar los transportes, había en el Hotel Polski unas 2000 personas. En total, tuvieron lugar tres transportes. El primero, el 5 de julio: alrededor de 1200 personas fueron trasladadas al campo de Bergen-Belsen. El segundo, el 13 de julio, y también tuvo como destino Bergen-Belsen. Fueron trasladadas unas 600 personas. Aquel mismo día un tercer transporte trasladó a la prisión de Pawiak (en Varsovia) a unas 400 personas. Según Shulman, antes de todos estos transportes había habido un primero en junio, pero la investigadora no ha podido confirmar esta información en ninguna fuente.

El día del transporte el hotel era rodeado por gendarmes alemanes. A la gente se le daba una hora para prepararse para el viaje y bajar al patio, donde esperaban los camiones para el transporte hacia la estación de Gdansk, en Varsovia, no muy lejos de la Umschlagplatz. Los gendarmes iban llamando uno a uno por su nombre a las personas de la lista. Según un testimonio, los alemanes acercaban amablemente una silla para que la gente pudiera subir cómodamente a los camiones. Los gendarmes eran muy corteses y amables.

Las fechas del transporte eran comunicadas previamente a las personas afectadas, por lo que la gente hacía venir a sus próximos para despedirse de ellos, escribían cartas a los que permanecían todavía escondidos, seguían discutiendo si iban a realizar realmente un viaje o si todo era una trampa.

De acuerdo con el testimonio de Simcha Korngold, incluido en el libro de Shulman y mencionado por Agnieszka Haska:

Los camiones iban a lo largo del muro del gueto [en dirección a la estación de Gdansk]. Miramos tras lo muros y vimos las ruinas. A mucha gente se le saltaron las lágrimas. Nuestra Varsovia había sido destruida por aquellos mismos criminales que nos ayudaban a ir al extranjero. Llegamos a la estación de Gdansk. Los camiones se pararon. Los alemanes nos ayudaron a bajar. Vimos un tren con vagones de pasajeros rodeado de representantes de la Cruz Roja (…). Nos fotografiaron, nos llamaron por el nombre y cada uno de nosotros recibió un paquete de provisiones de la Cruz Roja (…). Subimos al tren.

Tras la salida del segundo transporte, en el hotel quedaron todavía 400 personas, la mayoría no registradas. Hacia las dos del mediodía llegaron al hotel de nuevo los camiones. Los gendarmes rodearon el edificio y lo registraron. Se llevaron a todos los que se encontraban en el patio sin darles tiempo a prepararse y los metieron en los camiones para trasladarlos a la prisión de Pawiak.

Según el testimonio de Jerzy Himelblau, conservado en el Instituto Histórico Judío de Varsovia y citado por Haska:

Yo estaba en la parte de arriba del hotel con mi hermano pequeño, con cigarrillos para vender. Los alemanes nos echaron a mí y a mi hermano tras el cordón como si fuéramos polacos. Estábamos de pie en la calle y mirábamos a nuestro alerdedor. Cuando pasó el vehiculo en el que iban mi madre, mi hermana y mi cuñado, mi hermano Daniel (de 10 años) empezó a llorar y se lanzó hacia el vehículo. El chófer se paró, mi hermano saltó a la escalera, un gendarme lo agarró y lo lanzó arriba. Mi hermana estaba sentada en el borde del vehículo (que estaba repleto como una lata de sardinas), me tiró unos anillos de oro, que cayeron a un lado, pero no los recogí. El populacho que había alrededor se reía: “los judíos tiran oro”. Y yo tuve que reírme para no traicionarme. Me reía y los ojos se me humedecían. Así era esa risa. Nunca más volví a ver a ninguno de ellos.

A pesar de todo, algunas personas lograron esconderse y evitar el transporte.

De las 400 personas trasladadas a la cárcel de Pawiak, 95 fueron internadas en la prisión. Se trataba de personas con documentos de viaje pero que por diversas razones no habían ido en el transporte en dirección a Bergen-Belsen. El resto de personas, que no poseía ningún documento de viaje, fue fusilado en un lugar de las ruinas del gueto (exactamente en el número 27 de la calle Dzielna). Como esto se hizo nada más liquidar el Hotel Polski, el caso ya empezó a interpretarse como una trampa de la Gestapo.

Pero volviendo bastante más atrás, a enero del mismo año 43, ¿qué había pasado con es primer grupo de 100 personas que habían sido trasladadas de la prisión de Pawiak al campo de Vittel? Recordemos que en este grupo se encontraban Mary Berg y Guta Eisenzweig. Llegaron a Vittel y, según recuerda Mary Berg en su diario, lo vieron como un paraíso:

Estamos rodeados de alambradas, pero vivimos como en un paraíso en comparación con los tres años del gueto. Tenemos una habitación propia en el cuarto piso de un hotel elegante. Poco a poco me familiarizo con el entorno, con la gente y las condiciones del campo. (…) No hay nada más hermoso que la sensación de libertad. En Vittel he probado su sabor por primera vez en tres años.

El 22 de mayo de 1943 llegó a Vittel el transporte proveniente del Hotel Royal. Las personas de este transporte fueron aisladas en otro de los hoteles del campo. Según relata Mary Berg, se mantenían conversaciones por las ventanas de los hoteles. Aunque la gente del campo ya había recibido noticias sobre la suerte final del gueto de Varsovia –liquidado a sangre y fuego en ese mismo mes de mayo- no había querido dar crédito a ello, pero ahora los recién llegados daban fe de ello y fue cuando se dieron cuenta de la suerte que había corrido aquellos que se habían quedado allí.

No obstante, hacia finales de 1943 se desvanece en Vittel la ilusión de paraíso. El 18 de diciembre llega al campo una comisión del ministerio de Asuntos Exteriores alemán con el fin de verificar y registrar los documentos de todas las personas de origen judío. La presencia de esta comisión se debió a que a partir del otoño del 43 los alemanes habían empezado a sospechar de la falsedad de los documentos que poseían los judíos.

Al mismo tiempo los alemanes se dirigieron a los estados sudamericanos pidiendo confirmación de la ciudadanía y de la identidad de los poseedores de documentos. Dichos estados o bien no reconocieron los documentos o bien vacilaron en tomar una actitud ante el problema. Los judíos internados en Vittel todavía no lo sabían. En enero del 44 los alemanes anuncian que los judíos con documentos estadounidenses tienen que prepararse para un intercambio de prisioneros. Mary y su familia, que en principio no estaban en esa lista, consiguen entrar finalmente en el transporte y llegar a Nueva York desde Lisboa a mediados de marzo de 1944.

En Vittel, mientras tanto, el ambiente es cada vez más tenso entre los que siguen internados. Los poseedores de documentos de países hispanoamericanos se dan cuenta de que dichos documentos ya no garantizan su seguridad. Además, de un grupo de prisioneros llegados de Bergen-Belsen les llega la noticia del transporte de un grupo de judíos con documentos sudamericanos hacia destino desconocido. En febrero-marzo del 44 los judíos polacos son aislados del resto de prisioneros diciéndoles que los países sudamericanos no han reconocido sus papeles. El 17 de abril se les comunica que van a ser trasladados a otro campo. Algunas personas consiguen esconderse (entre ellas Guta Eisenzberg). El resto, esto es, 163 personas (entre ellas el poeta Icchal Kacenelson) es enviado a Drancy y de allí, el 29 de abril, el grupo se une a un transporte de 1000 personas en dirección a Auschwitz.

El 16 de mayo del 44 tiene lugar la segunda deportación de Vittel. De este segundo transporte Guta Eisenzweig logra de nuevo salvarse gracias a la ayuda de un oficial alemán. Al igual que el primer transporte, un nuevo grupo de entre 49 y 60 personas es enviado primero a Drancy y luego a Auschwitz. Según Agnieszka Haska, resulta difícil establecer el número de judíos polacos con documentos de países sudamericanos que se encontraba en Vittel antes de las deportaciones. Se puede establecer una cifra de unas 260 personas, de las cuales finalmente 50 consiguieron salvarse de los transportes y sobrevivir. El campo fue liberado por los americanos el 12 de septiembre de 1944.

Por otro lado, en Bergen-Belsen había un número mayor de judíos polacos provenientes del Hotel Polski. Como ya hemos dicho, en el primer transporte llegaron unas 1200 personas. Al llegar al campo, el 7 de julio del 43, la administración decidió aislarlas del resto de prisioneros y recluirlas en un campo especial. Los recién llegados quedaron además dispensados de los trabajos en los talleres. Muy probablemente fue un intento de que no circulara en el campo la información sobre las atrocidades cometidas en el este, de las que había sólo rumores.

El 15 de julio llegó el segundo transporte proveniente del Hotel Polski, con unas 600 personas, y con la posterior llegada en octubre de otro transporte más proveniente de Polonia, unos 2500 judíos polacos se encontraban en Bergen-Belsen en otoño del 43, de los cuales unos 2000 eran de Varsovia. A medida que llegaban iban siendo internados en el campo especial.
En septiembre del 43 tiene lugar una verificación de documentos, pues, como ya hemos dicho, los alemanes habían empezado a sospechar de la falsedad de los mismos.

El 21 de octubre un transporte de unas 1200 sale de Bergen-Belsen en dirección a un “campo mejor”, el de Bergau. El destino en realidad es Auschwitz.

Mientras tanto, para los que se habían quedado en Bergen-Belsen las condiciones de vida empeoran mucho. En el campo reina el hambre.
En abril de 1944 tiene lugar una nueva verificación de documentos y en el mes de mayo dos nuevos transportes salen en dirección a Auschwitz. En el campo especial quedan unas 350 personas, de las cuales 268 son de la lista palestina.

En noviembre del 44 los prisioneros de Bergen-Belsen empiezan a enfermar de forma masiva (tifus e inanición). El campo especial es evacuado el 7 de abril del 45. Tras 6 días de viaje en tren sin agua ni comida los vagones se paran en los alrededores de Magdeburgo. Los alemanes que custodian el tren huyen. El 14 de abril la gente del transporte es liberada por las tropas americanas. Un día después liberan también Bergen-Belsen.

Puede decirse que de Bergen-Belsen sobrevivieron unos 340 judíos polacos. La mayoría poseía certificados palestinos. Pero cabe explicar por qué sobrevivió la gente principalmente la gente de la lista palestina y no el resto.

En septiembre del 43 Paraguay retiró su consulado de Berna y desautorizó todos los papeles que habían sido expedidos por él. Los organizadores de la operación de los pasaportes, esto es, el doctor Silberschein y los hermanos Sternbuch, con la ayuda del consulado polaco en Berna, que les facilitaba los contactos diplomáticos y con las organizaciones judías americanas, vieron que la sola posesión de los pasaportes sudamericanos no garantizaba la seguridad de las personas, por lo que decidieron conseguir que también fueran reconocidos como auténticos por los estados sudamericanos.

Su intervención tenía dos direcciones: por un lado, conseguir que esos países reconocieran la ciudadanía de los poseedores de pasaportes ante los alemanes; por otro, conminar a Suiza y a España –que representaban en Berlín a los países sudamericanos- para que negociaran los intercambios de prisioneros de Vittel y Bergen-Belsen o que al menos garantizaran su seguridad. Al mismo tiempo se intentó también conseguir el apoyo de EEUU en esta empresa.

Agnieszka Haska cita un telegrama que Sternbuch y Lewin intercambiaron el 18 de diciembre de 1943:

La deportación y una muerte horrible amenaza a los poseedores de los pasaportes paraguayos, expedidos por el anterior cónsul de Paraguay en Berna, que se encuentran internados en campos para ciudadanos de países sudamericanos en Alemania, porque el embajador de España en Berlín, siguiendo las instrucciones del gobierno paraguayo y de la Unión Panamericana, no quiere reconocer dichos pasaportes. El actual Nuncio ha intervenido en Madrid, pero no hay respuesta, se intenta intervenir en Paraguay a través del Vaticano (…) Ofreced todas las garantías. La vida de esa gente depende en este momento únicamente de los gobiernos americanos; sería una vergüenza condenarles a sabiendas a una muerte segura.

Mientras tanto, la situación en Suiza se fue complicando. A principios del 44, en Berna se empezó a desautorizar algunos consulados de países sudamericanos. Se realizaron investigaciones sobre la falsificación y venta de pasaportes. Todo esto supuso un mayor riesgo para los poseedores de pasaportes, aunque, por otro lado, el reconocimiento de los países sudamericanos fue llegando en el primer trimestre de 1944, fruto de las presiones diplomáticas.

En marzo de 1944 los alemanes declararon que reconocían a los prisioneros como ciudadanos sudamericanos siempre y cuando se consiguiera intercambiarlos por ciudadanos alemanes. Intervino entonces EEUU para presionar a las embajadas de España y Suiza en Berlín para que se organizara un intercambio. No se obtuvo, sin embargo, una nueva respuesta de los alemanes hasta el 31 de mayo, cuando declararon que los poseedores de documentos que todavía quedaban en los campos especiales iban entonces a ser reconocidos e intercambiados, pero que las 163 personas trasladadas de Vittel estaban subordinadas a la Gestapo.

Cabe señalar que todos estos contactos se establecieron para salvar a la gente de Vittel, pues de las personas internadas en Bergen-Belsen no se sabía casi nada. Dos meses antes de los primeros telegramas sobre el problema del reconocimiento de los pasaportes, 1800 personas de Bergen-Belsen habían sido ya deportadas a Auschwitz. El desconocimiento sobre la suerte de los prisioneros de Bergen-Belsen permaneció hasta casi el momento de la liberación del campo.

Pero volviendo a la declaración alemana del 31 de mayo, dicha declaración llegó por algunos días tarde para salvar de la deportación el siguiente transporte de Bergen-Belsen, así como el último transporte de Vittel.

Como explica Agnieszka Haska:

[David] Wyman [autor de un libro sobre el papel y la actitud de las autoridades de EEUU ante el Holocausto], cuando describe las disputas de competencia entre el War Refugee Board (WRB), que intervino en este asunto desde febrero de 1944, y el Departamento de Estado, que detuvo la expedición de la citada declaración de los EEUU con el pretexto de la desorientación del WRB en cuestiones diplomáticas, afirma claramente que si no hubiera sido por esta demora los internados de Vittel hubieran sobrevivido a la guerra. Con seguridad tuvo también su influencia la actitud reacia de los gobiernos de Suiza y de España, que tan sólo bajo la fuerte presión de los EEUU aceptaron llevar a cabo una decisiva intervención.

El reconocimiento de los certificados palestinos fue una cusetión mucho más sencilla. A finales del 43 los alemanes llevaron a cabo (por intermediación de Suiza) una nueva ronda de negociaciones con los británicos sobre el tema del intercambio de los judíos que poseían un certificado palestino. Además, entre los años 41 y 43 ya habían tenido lugar tres de estos intercambios. Estas últimas negociaciones dieron como resultado el viaje en junio del 44 de unos 200 judíos, de los cuales 61 eran de Vittel. No viajó ningún prisionero de Bergen-Belsen con certificado palestino, aunque por otro lado nadie cuestionó sus documentos.

Por otra parte, como señala la investigadora, entre aquellos de Bergen-Belsen que se salvaron había también judíos con documentos sudamericanos provenientes de los distritos de Cracovia y Galitzia que habían obtenido pasaportes auténticos gracias a la primera operación de los Sternbuch, el doctor Silberschein y el doctor Kühl. Dichos pasaportes eran auténticos, esto es, expedidos al nombre real de sus poseedores, aunque de manera ilegal. Cuando tuvo lugar la verificación en Bergen-Belsen, sus poseedores lograron salvarse. En principio estas personas hubieran debido ser deportadas a Auschwitz ante la ausencia de confirmación del intercambio de prisioneros, pero se salvaron gracias a la declaración alemana del 31 de mayo.

Todos estos hechos le permiten concluir a Agnieszka Haska que la deportación de los judíos de Vittel a Auschwitz se debió al primer cuestionamiento de los pasaportes por parte de los países hispanoamericanos, así como a la posterior demora en el reconocimiento y preparación del intercambio. En cambio, en el caso de Bergen-Belsen la principal causa de su deportación fue la verificación de los documentos, el hecho de que no eran auténticos. En Vittel se encontraban, pues los “auténticos” poseedores de los pasaportes y aunque los alemanes sospechaban de la manera en que los habían conseguido, se dirigieron a los estados sudamericanos para saber si los reconocían oficialmente. En el caso de la primera deportación de Bergen-Belsen a Auschwitz a las autoridades alemanas les bastó con una verificación.

De los 340 judíos polacos supervivientes de Bergen-Belsen, 260 provenían del Hotel Polski: los poseedores de los documentos de la lista palestina, que en el hotel tenían el menos valor y que en muchos casos se daban gratis. A estas pesonas también luego en el campo se les llamaba “pasajeros de cuarta clase”.

Para terminar, Agnieszka Haska vuelve a plantear la pregunta: ¿el Hotel Polski fue o no fue una trampa de la Gestapo? Durante más de 70 años se ha forjado esta leyenda, pero según la investigadora no puede decirse que se organizara una trampa desde arriba. Si hubiera sido así, a los inquilinos del Hotel Polski no los hubieran enviado a la estación de Gdansk en dirección a Bergen-Belsen sino directamente a Treblinka o a Auschwitz. Lo mismo pasó con los internados en Pawiak. A los que no poseían documentos los fusilaron y a los que los poseían los internaron en la cárcel y después los enviaron a Bergen-Belsen. Por otro lado, los alemanes se molestaron en verificar los documentos de los judíos polacos internados en Bergen-Belsen. Las personas de la lista palestina sobrevivieron porque ni los británicos ni los alemanes cuestionaron la autenticidad de sus papeles.

Cabe subrayar una vez más con toda la fuerza que los pasaportes y las promesas enviadas a los judíos de la Europa ocupada aumentaron sus posibilidades de salvación. El Hotel Polski no fue una trampa planeada. La suerte de aquellos que murieron y de aquellos que sobrevivieron muestra que si no hubiera sido por la coincidencia de las circunstancias la operación habría tenido posibilidades de salir bien. Quizás el inmediato reconocimiento de los pasaportes y promesas por parte de los países hispaniamericanos hubiera salvado a más gente, tal como querían Silberschein y los Sternbuch. A pesar de estas conclusiones, el caso del Hotel Polski no está sin embargo cerrado del todo. Muchas preguntas quedan sin respuesta: cuántas personas pasaron por el hotel, cómo se llamaban, también quiénes fueron los ideadores de toda la operación. ¿Qué pasó con el dinero con el que los judíos pagaron los pasaportes? Quizás algunas respuestas se encuentran en los archivos alemanes, así como en otros documentos a los que no pude acceder durante la recopilación de materiales. Con seguridad ciertos aspectos del caso exigen que se siga investigando y analizando con detalle. No queda excluido sin embargo que algunos secretos del Hotel Polski se quedarán para siempre sin aclarar.

(Los fragmentos incluidos en esta entrada son principalmente traducción libre de pasajes de “Jestem Żydem, chcę wejść”. Hotel Polski w Warszawie, 1943, Centrum Badań nad Zagładą Żydów, Wydawnictwo IFiS PAN, Warszawa, mayo 2006)

Anuncios

7 comentarios en “El caso del Hotel Polski

  1. Muchísimas gracias por la reseña de este libro. Mi opinión al respecto, a partir de lo que he leído y sigo leyendo, es que aunque no fuera una trampa de principio a fin, en eso estoy de acuerdo, sí fue un gran negocio para la Gestapo, y que también le sirvió a ésta para atraer a muchos judíos que estaban escondidos en la zona aria prometiéndoles un salvaconducto seguro que, en ningún caso, la Gestapo podía, como de hecho no pudo, garantizar hasta el final. Como se señala, en Pawiak murieron decenas de personas fusiladas procedentes del Hotel Polski. Desconozco cuánto se basa este libro en el que publicó Shulman, en la década de los ochenta, pero me da la impresión de que en mucho.

    Por cierto que una de las personas trasladadas desde el Hotel Royal a Vittel fue Itzhak Katzenelson, autor del famoso poema Canto del Pueblo judío asesinado y del Diario De Vittel, unas amarguísimas y muy duras memorias. Murió asesinado en Auschwitz junto con su único hijo superviviente también del gueto de Varsovia. También del Hotel Polski salió el maravilloso escritor, de quién no se ha traducido nada al español hasta el momento, Yehoshua Perle. De ahí fue trasladado a Bergen Belsen y murió en Auschwitz también.

    Una vez más y muchísimas veces más: Gracias por este maravilloso blog.

    Me gusta

    1. Gracias a ti por leerlo… El libro de Haska recoge bastantes testimonios del libro de Shulman, pero Haska introduce otros que se guardan en el Instituto Histórico Judío y hace además una investigación en archivos. Sobre el libro de Shulman dice la autora: “lamentablemente el autor no osa analizar todo el material recopilado y se contenta sólo con plantear interrogantes. Hay que recordar que aunque el trabajo es valioso en razón del número de testimonios recogidos en él, una considerable dificultad para verificar los hechos presentados por Shulman la representa la ausencia de bibliografía en el libro”.

      Me gusta

  2. Fantástico Emilio, muchas gracias por una entrada tan completa sobre un tema que aún hoy suscita preguntas que quedan sin respuesta… Un gran trabajo sobre todo las fotos de lo que fue el Hotel Polski, ahora entiendo cómo pudieron albergar a tanta gente…
    Gracias, un abrazo
    chela

    Me gusta

  3. De nuevo, Emilio, compartes con todos nosotros, a través de Inéditos de la Shoá un estudio concienzudo y minucioso, que nos acerca una página de resistencia y de supervivencia desconocida para un amplio público hoy en día. En esta ocasión, la trágica historia del Hotel Polski, el último reducto de los judíos del gueto de Varsovia. Como siempre, un trabajo magnífico.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s