KL Warschau: un campo de concentración en el centro de Varsovia (julio de 1943 – agosto 1944)

No hace mucho, en 2015, se lanzó una campaña desde Tu było, tu stało (Aquí estaba, aquí se levantaba) para encontrar a la niña que aparecía en una foto tomada en abril de 1946 desde la azotea de uno de los pocos edificios situados en la Umschlagplatz del gueto de Varsovia que quedaron de pie tras la guerra.

dziewczyna Stawki 1

La foto da cuenta de la devastación de la guerra. Esos montículos y caminos de tierra nos muestran en qué estado fue reducido el lugar en el que pocos años antes se levantaban edificios y se dibujaba un trazado de calles empedradas. Aunque los grandes ausentes son todos aquellos que habitaban o transitaban por ese espacio…

La campaña apenas ha dado resultados hasta ahora, tan solo una pista en Australia y la aparición de otra foto que salió también a la luz y que en realidad nos muestra mejor un detalle que ya se percibe en la primera. Al fondo del todo se ve la silueta de la iglesia de San Agustín, pero un poco antes se divisa un muro que se extiende a lo largo de casi toda la foto.

dziewczyna Stawki 2b

En el momento en que se hizo la foto (1946, pues) dicho muro correspondía a uno de los mayores campos de prisioneros alemanes que hubo tras la guerra, pero apenas dos años antes esos muros albergaban el Konzentrationslager Warschau, un campo de concentración que existió en el centro de Varsovia desde julio de 1943 –con la llegada de 300 prisioneros alemanes de Buchenwald– hasta agosto de 1944, momento en que fue liberado por insurgentes polacos del Ejército Nacional (AK, Armia Krajowa).

La orden de crear un campo en el centro de Varsovia –tal como señala el historiador Bogusław Kopka del Instytut Pamięci Narodowej (Instituto de la Memoria Nacional) en cuyo libro dedicado al tema nos hemos basado para escribir esta entrada– la había dado Heinrich Himmler en realidad bien antes (en octubre de 1942), pero por varias razones se vio retrasada su creación hasta mediados de 1943.

Los motivos fueron, por una parte, que las autoridades locales de las SS se resistían a ver limitadas sus competencias por la central de Berlín si el campo se creaba, ya que éste no quedaría bajo su control. Por otro lado, existió también un conflicto con empresarios alemanes sobre a quién pasarían a pertenecer los trabajadores esclavos de los talleres del gueto, pues dichos empresarios no querían perder su control sobre la mano de obra (el deseo de Himmler era trasladar todas estas empresas y a sus trabajadores esclavos a los campos de concentración de la región de Lublin). Por último, también hubo un problema sobre cómo levantar el campo: ¿era mejor construirlo desde cero o aprovechar ya alguna construcción? Al principio se pensó en aprovechar la cárcel de Pawiak y el terreno ya despoblado próximo a ella, pero al final se optó por adaptar el edificio de la antigua prisión militar Gęsiówka, que desde agosto de 1942 hasta la destrucción del gueto había albergado la sede del Judenrat. Esta prisión era llamada de manera coloquial Gęsiówka por encontrarse situada en lo que era la esquina de las calles Gęsia y Zamenhof (en realidad en los lugares donde hoy está situado el museo Polin). Además de adaptar el edificio de la Gęsiówka, se decidió también cercar el terreno que iba desde dicha esquina hasta la calle Okopowa, colindando ya con el cementerio judío. Hay que recordar que en ese momento toda esa zona se encontraba ya despoblada y cerrada tras la liquidación del gueto de Varsovia.

plano KL Warschau espanol
Plano establecido a partir de la foto aérea tomada por los alemanes el 4.11.1944

Pero, ¿con qué finalidad un campo de concentración en el centro de Varsovia? Su creación no tenía tanto que ver con los planes de exterminio de la población judía de Varsovia (pues dichos planes ya se habían ejecutado en el verano de 1942 y cumplido del todo tras el sofocamiento del levantamiento del gueto en la primavera del 43) como con los que los nazis tenían respecto a la propia ciudad. A diferencia de Cracovia o de Lublin, que se preveía que serían un día colonizadas de manera intensiva, los nazis querían reducir a Varsovia a una ciudad provincial. Esto suponía reducir el tamaño de la ciudad, así como el de su población. Esta reducción del tamaño empezaría por el gueto, por lo que Himmler ordenó en junio de 1943 que fueran recogidos y transportados los millones de ladrillos y cualquier otro material recuperable del gueto destruido de manera que quedara todo completamente a ras de tierra, cada sótano y cada canalización fueran enterrados, tras lo cual habría que abonar la tierra y plantar árboles para levantar un gran parque. Sin embargo, como hemos podido ver en las fotografías de más arriba, estos planes no llegaron a realizarse del todo.

Así pues, una de las funciones del nuevo campo de concentración fue llevar a cabo estos trabajos de derribo y desmantelamiento del gueto. Para ello se trajeron prisioneros de otros campos. A la llegada de 300 prisioneros alemanes procedentes de Buchenwald en julio del 43 –prisioneros comunistas, asociales y criminales que asumirían las funciones de responsabilidad entre los prisioneros, esto es, de kapos, jefes de barracón, jefes de comando, etc.–, le siguió la llegada entre agosto y noviembre de ese mismo año de alrededor de 3700 prisioneros judíos procedentes de Auschwitz. En estos primeros transportes el grupo más numeroso lo formaron los prisioneros judíos de Grecia, pero también los había de Francia, Alemania, Austria, Bélgica y Holanda. Precisamente se seleccionó a propósito a prisioneros que no fueran judíos polacos para dificultar la comunicación de los prisioneros con los habitantes de la ciudad. Aún así, en un transporte de finales de noviembre de 1943 sí llegaron unos 50 prisioneros judíos polacos que simplemente habían sido añadidos al transporte para completar el número de 1000 prisioneros previstos. Pero más adelante, ya en abril y en junio de 1944, el grupo más numeroso lo constituyeron prisioneros judíos húngaros, pues en esas fechas fueron transportados a Varsovia unos 3000.

Así pues, como concluye el historiador Bogusław Kopka, la cifra mínima de prisioneros del KL Warschau que ha podido establecerse ha sido de 7250: 50 prisioneros judíos que trabajaban ya en Varsovia (grupo de profesionales especialistas), 300 prisioneros alemanes procedentes de Buchenwald, 3700 prisioneros judíos de diversas nacionalidades transportados desde Auschwitz en 1943, 3000 prisioneros judíos húngaros traídos también de Auschwitz en 1944, así como 200 prisioneros procedentes de la prisión Pawiak en Varsovia.

Con la llegada de los primeros transportes se fue levantando el campo. El campo con el tiempo estuvo dividido –como se puede apreciar en el plano de más arriba– en dos partes: el Lager I (formado por la antigua prisión Gęsiówka y un conjunto de barracones de madera) y el Lager II (colindante con el cementerio judío y en el que había barracones de ladrillo, construidos en la primavera de 1944).

En un testimonio escrito en alemán y enviado en 1947 a la Comisión Histórica Judía (origen del actual Instituto Judío de Historia), Oskar Paserman –antiguo prisionero del campo– relata cómo era el trabajo de desmantelamiento del gueto, así como la lucha por la supervivencia en el campo:

Los primeros días fui destinado a un pequeño comando, que contaba tan solo con 6 personas y que era llamado comando de rastreo. Nos vigilaban dos SS que siempre iban con nosotros. Nuestra tarea era entrar en todas las casas y búnkeres del gueto en búsqueda de objetos de valor. El gueto también estaba rodeado por un muro de 3 metros de altura. Las calles del gueto tenían un aspecto horrible. Nunca en mi vida olvidaré todo aquello que vi. El gueto de Varsovia era muy grande, durante la lucha heroica que habían llevado a cabo los judíos contra las SS y la Gestapo los alemanes habían bombardeado y aniquilado casa por casa con sus Stukas. Los cuerpos que todavía yacían en los búnkeres y las ruinas apestaban. Las calles estaban cubiertas de fragmentos de muebles y prendas de vestir quemadas. En algunos balcones vi a judíos muertos con la pistola en la mano, estaban todavía en la misma postura en la que les había sorprendido la muerte. En los búnkeres vi cuerpos de mujeres, hombres y niños que habían muerto de hambre y sed. Entré en un búnker en el que justo ante la puerta yacía un judío que se había suicidado, a su lado una metralleta con la que había disparado a unos 200 hombres, mujeres y niños, que yacían en otras partes del sótano (…)

Después de dos semanas de trabajo nuestro comando fue disuelto y tuve que ir con mi padre a trabajar a un comando más grande. Alrededor de las 6 de la mañana íbamos a trabajar bajo la atenta mirada de un vigilante. (…) Hacia las 7 venían capataces alemanes y escogían para el trabajo a los hombres que les parecía de su gusto. El trabajo era de diferente tipo, unos tenían que sacar los ladrillos de las casas destruidas, otros limpiarlos, unos terceros irlos colocando, etc. El trabajo no era duro, pero no podíamos dejarlo ni por un instante, estaba esto rigurosamente prohibido. Si esto sucedía el capataz alemán denunciaba al culpable ante el kapo o el superior. Los kapos obtenían vodka de las empresas alemanas para hostigarnos a trabajar mejor. Por eso mataban a gente, para dar ejemplo a los demás. Después de las primeras semanas de nuestra estancia podíamos ya “organizar” algo. Encontrábamos en las ruinas diferentes cosas que luego vendíamos a los polacos civiles con quienes trabajábamos. La posesión de dinero estaba rigurosamente prohibida, pero no parábamos mientes en ello, puesto que con dinero podíamos tener de todo, pero lo de “organizar” se acabó pronto cuando la nieve lo cubrió todo. Con ello empezamos a pasar hambre. Muchos de entre nosotros iban en secreto por la noche a los cubos de basura para buscar allí sobras y comérselas. Esta alimentación y el frío hicieron que muchos se pusieran enfermos y tuvieran diarrea. Fue una especie de epidemia, la gente caía como moscas y morían a montones, puesto que en el revier no había ningún médico.

Por si todo este sufrimiento no fuera suficiente, empezamos a tener también piojos. La ropa interior de cambio que nos había llegado de Auschwitz la vendieron los SS a los polacos arios, por lo que tuvimos que llevar la misma ropa interior durante meses. No nos dieron tampoco ningún peal, por lo que teníamos que quitar la ropa interior a los cadáveres para tenerlo. Por ahí los fallecidos nos pasaban los piojos. Para alguien que no ha experimentado él mismo todo esto, es inimaginable lo que es tener piojos. Teníamos millones, ¡no!, ¡miles de millones!. Cualquier cosa que comíamos estaba llena de piojos, nuestras mantas se movían literalmente solas. Nuestros vientres estaban completamente llenos de picaduras. No nos daban la menor posibilidad de lavarnos y los SS no nos querían mandar a la desinfección.

Las durísimas condiciones de vida en el campo no diferían, pues, de las de otros campos de concentración. Otro antiguo prisionero, Icchak Dawid Mehl (judío de Łódź, Polonia) ofreció también su testimonio poco después de acabar la guerra, en 1948. En su testimonio habla de los diversos transportes y del trabajo que efectuó en el campo:

Tras la liquidación del gueto de Varsovia los alemanes enviaron a Varsovia a prisioneros judíos del campo de Auschwitz para limpiar el gueto. Fueron enviados únicamente judíos extranjeros. Tuvieron cuidado de que ningún judío polaco llegara al gueto. El primer transporte de 2000 judíos salió de Auschwitz en julio de 1943. Eran judíos de Grecia, así como de Eslovaquia. El segundo transporte fue de 1000 judíos de Bélgica, Francia, Holanda y otros países de Europa del Oeste y salió de Auschwitz en agosto de 1943.

En noviembre de 1943 los alemanes de nuevo enviaron un transporte de 1000 judíos a Varsovia. En este transporte, a parte de judíos de Europa del Oeste se encontraban también 50 judíos polacos. Resultaba que en Auschwitz faltaban judíos extranjeros para completar el transporte y los alemanes enviaron a regañadientes a 50 judíos polacos. Entre ellos me encontraba yo.

En Varsovia nuestro tren fue enseguida enviado al gueto. Allí nos descargaron en la calle Gęsia, allí donde antes había estado el Judenrat. Quedaba allí una plaza vacía en la que se veían restos de edificios. En este espacio destruido los judíos que habían sido transportados a este campo habían construido los barracones de madera en los que vivíamos. (…)

En el campo había un “comando de cadáveres” compuesto de 20 hombres. Normalmente recogían madera de los edificios quemados del gueto, la arrastraban hasta la calle Gęsia 45 y la colocaban en grandes pilas. Los sanitarios agarraban a los muertos en el barracón por los brazos (poniéndose para ello guantes de piel) y piernas, sacándoles de la litera, los arrastraban por el suelo hasta la puerta y luego los tiraban por detrás de la puerta… Cada mañana, después de que un médico alemán registrara los cadáveres y revisara sus bocas, extrajera sus dientes de oro o de platino, el “comando de cadáveres” los cargaba en un carro y los llevaba a Gęsia 45. Allí se formaban pilas: una capa de madera, una capa de personas, y se prendía fuego… Todo el campo estaba impregnado del olor de los cuerpos y de los huesos quemados de las víctimas. (…)

Nuestro trabajo consistía en limpiar el gueto. Hacíamos volar con dinamita las paredes de las casas que todavía no estaban del todo destruidas o teníamos que escalar alto por las paredes y con herramientas derribarlas, echando abajo ladrillos y revoques. Además había también ciertos “comandos de búsqueda”, que acompañados por SS armados buscaban en búnkeres, sótanos, etc. oro escondido, objetos… también gente. Cuando se descubría a judíos escondidos en los búnkeres se les fusilaba inmediatamente.

Este trabajo flaqueaba mucho en los meses de frío debido a la mortandad de los prisioneros. En abril de 1944 enviaron del campo de Auschwitz prisioneros frescos, 3000 judíos húngaros y el trabajo se renovó. Cambió también la dirección alemana. Los antiguos SS se fueron y vinieron unos SS nuevos de Lublin. En Lublin se había liquidado el campo y, tras la liberación de Lublin por el Ejército Rojo, vinieron a Varsovia trayendo consigo las herramientas de los barracones de allí.

(…) La nueva dirección nos cansaba todavía más con el trabajo duro. Construimos nuevos barracones de ladrillo entre el cementerio judío y la calle Smocza. En estos nuevos barracones los alemanes metieron a esos miles de prisioneros húngaros.

Después de la liquidación del gueto de Varsovia, todos los días los alemanes a las 11 de la mañana traían de [la prisión] Pawiak al patio del antiguo Judenrat [es decir, de la también antigua prisión Gęsiówka] a polacos y allí los mataban. Los judíos de Pawiak llevaban los cuerpos a Gęsia 45 y allí los quemaban.

En la primavera de 1944, en las ruinas del gueto, en el antiguo Judenrat, los alemanes empezaron la construcción de un crematorio. Por esta razón tuvimos nosotros que, además de la habitual jornada diaria de trabajo, antes de la noche, llevar ladrillos para construir esa fábrica de muerte. Los judíos que conocían esas construcciones de Auschwitz, afirmaban con seguridad, que aquí en Varsovia se construía de la misma manera el crematorio y que aquí iba a ver cámaras de gas, exactamente igual que en Auschwitz. A finales de julio de 1944 el crematorio estuvo ya terminado y completamente preparado.

crematorio gesiówka
A la izq., foto del crematorio en el momento de la liberación (agosto 44); a la decha. foto tomada en 1945

Precisamente esta evocación del crematorio nos sitúa en el punto más polémico del tema del KL Warschau cuando es tratado en la historiografía polaca. Como ya dijimos más arriba, los planes de las autoridades nazis para Varsovia era su reducción a una ciudad provincial, lo que implicaba la reducción tanto de su extensión territorial como de su población. Ya hemos visto cómo el desmantelamiento del gueto y su puesta a ras de tierra para posteriormente levantar un parque formaban parte de ese plan de reducir el tamaño de Varsovia. Pero, ¿hasta qué punto el campo de concentración de Varsovia sirvió para reducir también su población? Hay un segundo libro sobre el KL Warschau escrito por la jueza Maria Trzecińska y publicado poco antes que el de Bogusław Kopka. Según Maria Trzecińska, que como jueza también participó durante muchos años en la comisión de investigación de los crímenes nazis en Polonia, llegaron a existir cámaras de gas (situadas éstas en un campo secundario más alejado del centro) y el número de víctimas del KL Warschau ascendió a 200.000, la mayoría de ellas polacos. Para Trzecińska, pues, el KL Warschau fue un campo de exterminio. Kopka, por su parte, rebate en su libro esas dos conclusiones de la jueza. Por una parte, según él, 200.000 no es la cifra de muertos en el campo sino la suma de las víctimas de las ejecuciones de polacos en las calles de Varsovia en los años 43 y 44, las del campo de concentración y las del levantamiento de Varsovia. Por otra parte, según Kopka, no hay ningún testimonio durante la guerra ni nada más acabar la guerra que mencione la existencia de cámaras de gas. La afirmación de que existían dichas cámaras de gas por parte de Trzecińska se basa en testimonios recogidos a finales de los años noventa y principios de los dos mil, lo que, según Kopka, los hace inverosímiles.

Pero el centro de la polémica estriba pues en si el campo de concentración de Varsovia fue un campo de exterminio para la población polaca, lo que Kopka rebate con estas palabras:

Primero, el aparato de terror nazi no estaba capacitado para llevar a cabo el exterminio simultáneo de dos naciones: la judía y la polaca. (..) En nombre de la ideología racista los nazis se decidieron primero por el exterminio de los judíos, que en el Gobierno General eran los más numerosos de esta parte de Europa (cerca de 3 millones), por lo que aplazaron hasta una fecha indeterminada la decisión sobre la suerte de los eslavos, entre ellos los polacos.

En segundo lugar, en una situación en la que la guerra se iba alargando, a los alemanes no les interesaba el exterminio de todos los polacos. La represión incluía sobre todo a la élite social y el terror, las redadas masivas en las calles de las ciudades, las ejecuciones secretas y públicas de rehenes tenían que servir para amedrentar a la población. Los polacos debían ser sumisos a la voluntad de los “señores” alemanes y convertirse en reserva de mano de obra para la economía del Reich. Tras el exterminio de la población judía eran además todavía más necesarios para los alemanes.

En tercer lugar, el ocupante alemán disponía ya de una extensa red de lugares de aislamiento destinados a polacos, tales como campos, prisiones y otros lugares de arresto. Durante todo el periodo de ocupación, cada día había transportes de prisioneros de Pawiak hacia campos de concentración. No había necesidad de construir además un campo grande en el que internar a polacos.

Por otro lado, otra afirmación de Trzecińska es que el campo empezó a funcionar en octubre de 1942. Para afirmar esto se basó en la orden de Himmler emitida en esas fechas de concentrar a todos los trabajadores judíos en los campos de Varsovia y Lublin. Sin embargo, para Kopka, esta mención al campo de Varsovia solo tenía un carácter intencional, pues el campo no empezó verdaderamente a funcionar hasta la llegada del primer transporte de prisioneros en julio de 1943, por lo que el KL Warschau funcionó durante un año y no durante dos años, como afirma Trzecińska.

Hay que decir que Kopka no polemiza en ningún momento con las afirmaciones de Trzecińska, se limita a refutarlas con respeto y reconociendo al mismo tiempo la labor de difusión sobre este caso injustamente poco conocido que llevó a cabo la jueza. Pero los seguidores de Trzecińska (ya fallecida), muy fervorosos, como puede comprobarse por ejemplo en comentarios que han dejado escritos en internet, tachan la monografía de Kopka de falsa y superficial y erigen el KL Warschau como el lugar máximo de la martirología de Varsovia. Responde esto, a mi parecer, a una visión (o revisión) nacionalista de la Historia, en la que se equipara la suerte de judíos y polacos durante la ocupación. Tal visión ya la menciona Jacek Leociak al hablar de los Justos en la entrevista que puede verse en esta otra entrada del blog.

Reproducimos aquí un fragmento de la monografía de Trzecińska para que se vea cómo se da esta otra visión de los hechos, así como el tono en que se narra. El uso de las mayúsculas al final del fragmento resulta muy significativo:

El campo de concentración del centro de Varsovia funcionó durante dos años, esto es, durante más de una tercera parte de la ocupación.

De la pérdida global de 800.000 habitantes de Varsovia, 200.000, esto es, una cuarta parte, fue asesinada en el KL Warschau. Esto demuestra que el KL Warschau –después del gueto de Varsovia y del Levantamiento de Varsovia– fue el tercero en parecido volumen de crímenes causantes del Holocausto de Varsovia.

Entre la liquidación principal del gueto en 1942 y el genocidio del Levantamiento de Varsovia en 1944 no se dejó ningún hueco libre de crímenes.

Todos los caminos de los asesinatos en masa condujeron por entonces al KL Warschau.

En los años 1942-1944 el KL Warschau fue el centro de exterminio de la Capital. Empezando por las redadas y batidas en la ciudad y siguiendo con los “transportes hacia destino desconocido”, las ejecuciones callejeras, los fusilamientos en el campo, el asesinato en cámaras de gas, la quema de cuerpos en el crematorio y terminando por la desaparición de las huellas de dichos crímenes mediante el esparcimiento de las cenizas en amplios terrenos de las afueras, todas estas fueron las acciones sistemáticas del KL Warschau como centro de la exterminación biológica planeada y organizada de la ciudad.

En el KL Warschau los ocupantes alemanes quitaron la vida a cerca de 200 mil polacos no por su orientación promoscovita o prolondinense. Los asesinaron, subrayémoslo, en el marco de un plan de exterminio de la Capital de Polonia. Los mataron sin diferenciación, para que Su Ciudad desapareciera para siempre del mapa de Europa y Ellos junto con Ella.

El aniquilamiento de la intelectualidad polaca así como de la Capital como centro directivo tenía que –según los planes de los alemanes– privar a la Nación Polaca de su “cerebro”, sin el cual nunca más sería capaz de renacer.

Para la realización de precisamente este objetivo se instaló el KL Warschau.

Nunca y en ningún lugar de ninguna Capital los genocidas alemanes llegaron a crear tal combinación de muerte para cumplir tal objetivo.

Pero retomando ahora la existencia de un crematorio en el campo, hemos de destacar –siguiendo la versión, a nuestro parecer, más objetiva de Kopka– la segunda función que cumplió el KL Warschau. La primera –lo recordamosera llevar a cabo trabajos de desmantelamiento de lo que había sido el gueto de Varsovia. La segunda fue la de lugar en el que se llevaban a cabo ejecuciones en masa y  eran después quemados los cuerpos de estos varsovianos represaliados. La diferencia crucial con respecto a la versión de Trzecińska es que el campo no fue un centro de exterminio planeado, sistemático, sino un lugar de represión cuyo objetivo era el aterrorizamiento de la población.

Para comprender con más amplitud esta segunda función del campo hay que acercarse al ambiente de represión y terror que con tanta intensidad se vivió en Varsovia en los años 43 y 44. Pero también hay que entender por qué los ocupantes lo llevaron a cabo. Varsovia era considerada el punto más fuerte de resistencia de todo el país ocupado. Según palabras Hans Frank –máxima autoridad del Gobierno General e la Polonia ocupada– en diciembre de 1943, citado por Kopka:

Tenemos en este país un punto del que procede todo lo malo: Varsovia. Si no tuviéramos a Varsovia en el Gobierno General, no tendríamos las 4/5 partes de dificultades con las que tenemos que luchar. Varsovia es y seguirá siendo un foco de desorden, un punto desde el que se extiende la intranquilidad en este país.

Entre las órdenes que dio Himmler en enero de 1943 sobre las acciones a realizar en Varsovia estaba también la de llevar a cabo redadas masivas en las calles de la ciudad para que la gente detenida fuera trasladada a campos de concentración. De esta manera, ese mismo mes empezaron las redadas en proporciones inesperadas por la población.

Se sacaba a gente de los tranvías, se rodeaban casas, iglesias. Se arrestaba tanto a hombres como a mujeres. Durante apenas dos días de operaciones (que duraron del 15 al 17 de enero) se detuvo a varios miles de personas, de las cuales una importante cantidad fue transportada a los campos de concentración (por ejemplo, una parte de los detenidos el 17 de enero fue enviada a Majdanek junto con presos de Pawiak), y otra parte, a pesar de que la orden de Himmler no lo había previsto, fue destinada a trabajos forzados en el Reich.

La escala de terror tenía por objetivo atemorizar a los habitantes de Varsovia para que no fueran capaces de actuar de manera organizada contra los alemanes (de esto tenían principalmente miedo las fuerzas de seguridad alemanas; la resistencia por parte de los judíos antes del 18 de enero de 1943 no había sido tomada seriamente en consideración) y para paralizar cualquier iniciativa de dispensión de ayuda a la población judía que estaba siendo en aquel momento exterminada.

Posteriormente, tras las primeras muestras de resistencia armada de los judíos del gueto en enero de 1943, Himmler ordenó la liquidación completa del gueto. Por otro lado, la derrota en Stalingrado (la capitulación había tenido lugar el 2 de febrero del 43) influyó también en la escalada de terror sufrida por judíos y polacos.

En octubre de 1943 una nueva ola de terror sacudió Varsovia. Esta nueva ola de represión, como señala Kopka, tenía otra vez como objetivo acabar con el espíritu de lucha de los varsovianos, que se iba haciendo más fuerte a medida que la lucha de los alemanes en el frente del Este iba cosechando cada vez más fracasos.

El 13 de octubre, pocos días después de que Hans Frank diera la orden, empezaron en distintos puntos de la ciudad redadas en masa, pero esta vez también ejecuciones públicas de detenidos y de rehenes en las calles.

Para explicar cómo procedían los alemanes, Kopka cita a Władysław Bartoszewski, famoso historiador y activista tanto durante los años de la ocupación como posteriormente (y hasta hace pocos años), en un artículo que publicó en 1946 titulado “Ejecuciones públicas en Varsovia”:

En las redadas participaban junto a la Gestapo, las SS y la policía alemana, también destacamentos voluntarios de la Wehrmacht y Luftwaffe, además de grupos de las Juventudes hitlerianas. De manera inesperada algunos coches alemanes de policía llegaban a un punto ajetreado de la ciudad, cerraban la circulación en los tramos más importantes de la calle o de los complejos de las calles vecinas, tras lo cual literalmente arrestaban a todos los hombres que se encontraban en aquel momento en la calle, en los tranvías y en las tiendas. Normalmente se hacía poner a los detenidos contra la pared, las manos en alto, y después de cachearlos los cargaban en los coches. A los jóvenes se les metía en los coches enseguida, sin comprobación de documentos y sin registro. A los que intentaban escapar o incluso a los que no se paraban o levantaban las manos lo suficientemente rápido al requerírselo se les disparaba (…). Se llevaba directamente a los detenidos a la cárcel política [Pawiak], se les encerraba allí en celdas de aislamiento, no se les tomaban sus apellidos ni siquiera se hacía depósito de sus pertenencias. A menudo se encerraba a gente atrapada en la calle sin comprobar sus documentos. En las estrechas celdas de la prisión se agolpaba un número de víctimas varias veces superior a la capacidad prevista en el edificio.

Según también Bartoszewski, las ejecuciones públicas en las calles tenían lugar del siguiente modo:

El modelo de ejecución pública tenía normalmente la siguiente forma: la policía se emplazaba en la zona de la ejecución, después llegaba el pelotón de ejecución (SS o policía) y ocupaba el lugar y al final traían a los condenados. Al principio los traían de dos en dos con los ojos vendados, pero con la boca sin tapar. Como en algunos casos los condenados lanzaban antes de morir algún grito patriótico (“¡Viva Polonia!”), en las siguientes ejecuciones les ponían un saco en la cabeza o se les colocaba alrededor de la boca un trapo impregnado con alguna substancia que les debilitaba. (…) Debido a que oponían frecuentemente resistencia se empezó a sacarles la sangre antes de traerles de la prisión en tales cantidades que se sostenían con dificultad en sus piernas. (…) Los fusilamientos tenían lugar en grupos de 5 o 10 personas, dependiendo del número total de condenados. Los todavía vivos eran rematados con revólver por un oficial de las SS o de la Gestapo. Los cuerpos de las víctimas eran cargados en los vehículos inmediatamente después de la ejecución por una columna especial de presos (normalmente para este trabajo los alemanes se servían de judíos alemanes) y transportados al terreno del gueto en ruinas, donde eran quemados inmediatamente. (…)

Una lista con los apellidos, la edad y las direcciones de los asesinados se colgaba en el lugar de su ejecución junto con otra lista con los apellidos de los rehenes. (…) Por los megáfonos de las calles se leían las listas de los ejecutados con sus apellidos. Asimismo se daba la lista de los rehenes, que debían responder con su vida –en una proporción de 10 polacos por cada alemán– en caso de que volciera a repetirse algún atentado.

A partir del 1 de julio de 1944 –tras un atentado existoso contra un alto cargo de las SSlos alemanes cambiaron de estrategia. Las ejecuciones dejaron de ser públicas y muy pocas veces se hacía ya pública la lista de ejecutados. Desde entonces las ejecuciones se llevaban a cabo en secreto en las ruinas del gueto, ya en el campo de concentración o en las proximidades a él.

Los cadáveres de los ejecutados eran quemados en piras al aire libre en los patios de las calles Gęsia 45, Nowolipie, Nowolipki, así como en el antiguo terreno de juego Skry [este último junto al cementerio judío] y también, ya en el último periodo, en el crematorio del campo. Para la quema de los ejecutados tanto en público como en secreto se utilizó a los prisioneros judíos del campo de concentración que trabajaban en el comando de la muerte.

(…) Como recuerdan los testigos, el olor a quemado de los cuerpos se expandía por todo el terreno del antiguo gueto. Se podía asimismo oler en otros barrios de Varsovia.

En total, la estimación que hace Kopka del número de muertos en las ejecuciones entre otoño del 43 y el 31 de julio de 1944 es de al menos 9500 personas y el de deportados a campos de concentración más de 24.000.

Por otra parte, en las exhumaciones efectuadas en septiembre de 1946 en el lugar donde se encontraba la antigua prisión Gęsiówka se encontraron más de dos toneladas de cenizas humanas.

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Exhumaciones de Gęsiówka

Mientras seguían los trabajos de desmantelamiento del gueto y de desaparición de los represaliados, a finales de julio 1944 el campo fue evacuado debido a la aproximación del Ejército Rojo a Varsovia. El 28 de julio comenzó la marcha de la muerte de unos 4000 prisioneros por Kutno en dirección a Dachau. Se estima que en esta marcha murieron unos 2000 prisioneros.

Caminando, con la canícula del verano, los prisioneros hicieron la ruta de Varsovia hasta Kutno (los prisioneros de Pawiak fueron inmediatamente evacuados en tren por la Estación del Este y transportados, los hombres a Gross-Rosen, las mujeres A Ravensbrück), de donde fueron metidos en vagones de mercancía en grupos de 100 y transportados al campo de Dachau, adonde llegaron diezmados el 6 de agosto. El 27 de julio, un día antes de la evacuación, todos los que no podían ir y se habían presentado en el revier fueron fusilados junto a los enfermos. En total, unas 400 personas.

Uno de los supervivientes de la marcha de la muerte, Peter Lebovic, que por entonces tenía 18 años, la describió así:

A finales de 1944, cuando el Ejército Rojo se acercaba a la ciudad, algunos días antes del estallido del levantamiento de Varsovia, nos anunciaron que el campo de concentración del gueto de Varsovia había sido liquidado y que los presos serían trasladados a otro campo. Cuando estábamos en formación, todo el equipo del campo había tenido que hacerlo, el jefe del campo, un oficial de las SS, que normalmente se ocupaba de las formaciones, sentado en una moto pesada, anunció en todas las lenguas más frecuentes del campo, que nos esperaban entre 120 y 140 kilómetros de marcha. A aquellos que no se encontraban lo suficientemente fuertes para resistir tamaña marcha se les pidió que se declararan. Les prometieron un transporte con carros tirados por caballo. Poco después nos enteramos de que habían sido fusilados junto con 200 pacientes de la sala de enfermos. En el campo permanecieron 400 prisioneros aptos para los trabajos de puesta en orden. Estos prisioneros –a algunos los conocí personalmente– se unieron al parecer después al levantemiento de Varsovia. Nunca llegué a enterarme de si alguno de estos prisioneros conservó la vida.

El día 28 de julio comenzamos la marcha. No soy capaz ni siquiera de una manera aproximada de describir aquella marcha de la muerte de tres días y el posterior transporte a Alemania. Los prisioneros, que ya antes de la marcha se encontraban hambrientos, agotados, la mayoría con calzado de madera, en la canícula del último día de julio, humillados, azuzados, pegados, sin agua, sin comida, tuvieron que expermientar un sufrimiento indescriptible o sufrir una muerte horrible. En el camino, cerca de la ciudad Sochaczew, nos permitieron beber agua turbia, la hedionda agua del río. Junto a nosotros bebía el ganado. Los vigilantes de las SS nos gritaban advertencias para que en cualquier caso nos mantuviéramos alejados de la orilla. Un prisionero que no hizo caso de la advertencia comenzó a vadear un poco más el río para beber un poco de agua limpia. Fue inmediatamente muerto de un tiro. Sin embargo, no murió inmedatamente. El vigilante que había disparado, un viejo SS, mantuvo la cabeza del prisionero todavía consciente bajo el agua, hasta que se ahogó.

A los prisioneros agotados que no podían seguir el ritmo de la marcha se les pegaba un tiro en las cunetas. Aquel que marchara al final de la columna y quisiera aliviar sus necesidades, tenía primero que correr hacia la parte delantera para no quedarse atrás y perder la vida.

Tras tres días de marcha llegamos a Kutno, donde por primera vez nos dieron agua y comida. En un bosque no muy grande esperamos dos días al transporte. Nuestro transporte a Dachau duró dos días.

Pocos días después, el 1 de agosto de 1944, con las tropas soviéticas aproximándose a Varsovia, estallaba en la capital el levantamiento armado contra los ocupantes alemanes. El 5 de agosto los insurgentes consiguieron su primera gran victoria contra los alemanes al lograr precisamente liberar el fuertemente fortificado campo de concentración. Fueron liberados 348 presos, entre los cuales había 24 mujeres. 89 prisioneros eran judíos polacos y el resto de Hungría, Grecia, Francia, Holanda, Checoslovaquia y Lituania. El campo fue defendido por 90 SS. Anteriormente, ya el primer día del estallido del levantamiento, habían sido liberados 50 prisioneros que trabajaban en los almacenes alemanes de uniformes y víveres que había en la calle Stawki, en la zona de la antigua Umschlagplatz.

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Fotografías de la liberación del campo

Una parte de los judíos liberados se unió al levantamiento, principalmente para labores de ayuda o directamente para ayudar a los civiles. Aquellos que tomaron las armas para luchar contra los alemanes, serían recordados, según Kopka, por su fanatismo. Según declaró Stanisław Stefański –quien participó en el levantamiento– poco después de la guerra:

Mostraban una completa indiferencia ante la vida o la muerte (probablemente como efecto de sus propias vivencias).

En relación con las labores de ayuda durante el levantamiento, según los recuerdos de Ferdynand Jan Pilch, antiguo insurgente, citado por Kopka:

Tras la toma del gueto por los insurgentes y liberación de los judíos que allí se encontraban, todos fueron a la Ciudad Vieja y encontraron abrigo en las casas de la calle Długa 5 y 7 [la misma calle, por cierto, en la que se encontraba el Hotel Polski]. De este grupo llevé a la calle Hipoteczna 5 a más de 20 –con su consentimiento, por supuesto– e hice que formaran un equipo de primeros auxilios. Los alojé en esa casa de la calle Hipoteczna 5 y cuidé de su mantenimiento. Dispensaron un servicio inestimable socorriendo a quienes se quedaban atrapados entre los escombros, así como cuando había que apagar incendios. Eran judíos franceses, holandeses y griegos.

Al mismo tiempo se dieron también casos de actitudes antisemitas y de agresiones de los insurgentes contra algunos de los liberados. Según evocó Bronisław Anlen, prisionero del campo, en 1967:

La actitud de los insurgentes hacia los prisioneros liberados no fue unívoca. Junto a las bonitas, emocionantes escenas de actitudes cordiales de los soldados rebeldes hacia los judíos liberados, hubo también lamentables acciones antisemitas por parte de los soldados. Algunas veces también sin reacción por parte de sus superiores.

Recuerdo muy bien la hermosa cara de adolescente de un subteniente o teniente, inválido sin brazo izquierdo, quien al ver a los prisioneros liberados, con tono –yo diría– despectivo y enojado gritó: “¿Qué? ¿Judíos?”, y al cabo de un instante les dijo: “¿Acaso no hay comunistas entre vosotros?” Todavía me resuenan en los oídos hasta hoy día esas palabras y ese tono. Fue penoso oír esto en los primeros momentos de nuestra liberación.

(…) En las condiciones de la Ciudad Vieja rebelada fue también trágico ver cómo un soldado del levantamiento gritaba: “¡No necesitamos a los judíos!”, etc., en la calle Miodowa, delante de la gente dispararon con un arma corta a dos antiguos prisioneros de Gęsiówka que iban con su vestimenta a rayas. La decidida intervención de la población civil y de otros soldados insurgentes salvó de una muerte inevitable al resto de judíos con vestimenta a rayas.

Después del trágico sofocamiento del levantamiento (en octubre), la posterior evacuación de la población, así como la destrucción sistemática de la ciudad, las tropas soviéticas entraron casi sin resistencia en las ruinas  de la ciudad.

Todavía antes del final de la guerra, en el lugar en el que se encontraba el antiguo campo de concentración alemán, las nuevas autoridades comunistas crearon su propio campo: el Centralny Obóz Pracy w Warszawie (Campo Central de Trabajo de Varsovia). De enero a mayo de 1945 en la parte del campo situada en la calle Gęsia funcionó un campo del NKWD. En horribles condiciones tuvieron allí detenidos a soldados del Ejército Nacional (AK), prisioneros alemanes y “otros delincuentes”. Según parece, también se llevó a cabo una sistemática liquidación de los miembros de la AK allí detenidos.

Tras acabar la guerra, el campo pasó a manos del Ministerio de Seguridad Pública, encargado de gestionar las prisiones y campos estalinistas de toda Polonia. A mediados de 1945 se creó en este lugar el Centralny Obóz Pracy dla Odbudowy Warszawy (Campo Central de Trabajo para la Reconstrucción de Varsovia). Así, entre los años 1945-1949 este lugar se convirtió en uno de los mayores campos de prisioneros alemanes (el 1 de diciembre de 1947 contaba con 5551 prisioneros). Cuando en el año 1949 fue liberada la mayoría de prisioneros, se creó entonces el Centralne Więzienie Warszawa II Gęsiówka (Prisión Central Warszawa II Gęsiówka). Eran internados allí tanto “enemigos de clase” como delincuentes comunes. En 1956, dicha prisión fue liquidada. Luego, en los años 70, no sin cierta polémica, se derribó el edificio –todavía quemado– de la Gęsiówka. Actualmente en este lugar se encuentran edificios de viviendas, el jardín Willy Brandt, el primer monumento a los Héroes del Gueto (inaugurado en 1946) y, junto a éste, el segundo monumento (con la conocida escultura de Natan Rapaport, inaugurado en 1948), así como –enfrente de ellos– el museo Polin (abierto en 2013).

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Edificio quemado de la Gęsiówka. En primer plano, primer monumento a los héores del gueto

Otros monumentos que forman hoy parte del paisaje del barrio de Muranów rememoran algunos hechos de la historia del gueto (la serie de monolitos que evocan la marcha de los deportados hacia la Umschlagplatz; el propio monumento de la Umschlagplatz; el mausoleo sito en el antiguo lugar en que se encontraba el estadio Skry), pero ningún monumento, ni siquiera una placa, recuerda todavía a los miles de víctimas del KL Warschau. Como señala el propio Kopka, resulta que al final el único lugar de Polonia todavía no rememorado en que se encontrara durante la ocupación un campo de concentración alemán es precisamente el del Konzentrationslager Warschau.

Los textos incluidos en esta entrada son traducción libre de fragmentos de:

Bogusław Kopka, Konzentrationslager Warschau. Historia i następstwa, Instytut Pamięci Narodowej, Warszawa, 2007.

Maria Trzecińska, KL Warschau, Polwen Polskie Wydawnictwo Encyklopedyczne, Radom, 2007

Fotografías extraídas de la siguiente entrada de wikipedia: https://pl.wikipedia.org/wiki/Warschau_(KL)

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7 comentarios en “KL Warschau: un campo de concentración en el centro de Varsovia (julio de 1943 – agosto 1944)

  1. Qué buena entrada Emilio. Hacía mucho tiempo que quería saber sobre el KL Varsovia, sabía que había funcionado en las ruinas del gueto y poco más. Felicitaciones has hecho un trabajo increíble. Un abrazo fuerte Chela

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      1. Sí había leído que después de la destrucción funcionó allí un campo pero no tenía ni idea de la magnitud de lo que fue.
        Gracias por tan buena investigación
        un abrazo

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  2. Muchísimas gracias, una vez más, por tu texto. Sí, mientras realizaba mis investigaciones sobre el gueto de Varsovia, siempre me pareció muy llamativo que sólo lograra recomponer algo de lo que había sido el campo de concentración sobre las ruinas del antiguo gueto a partir de fragmentos de aquí y de allá y que no se hubiera escrito una historia completa (o lo más completa posible) al respecto. Así que mil gracias y un gran abrazo.

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