Retratos de mujeres del gueto (2): Anna Braude-Heller

Quisiera empezar esta galería de retratos de mujeres del gueto con el de una médica pediatra, Anna Braude-Heller, cuya historia está estrechamente unida a la del hospital infantil que dirigió: el de los Bersohn y Bauman (familias mecenas que fundaron el hospital). El nombre de esta pediatra es mencionado por todos aquellos que escribieron y tuvieron alguna relación con la medicina en el gueto de Varsovia.

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Anna Braude-Heller (warszefroj)

Vamos a conocer a Anna Braude-Heller de la de la mano de otra pediatra del gueto, Adina Blady-Szwajger (en realidad por entonces estudiante en prácticas del último año de Medicina), que en varios fragmentos de sus memorias (por cierto, inéditas en español) traza un retrato de Anna Braude-Heller. Seguiremos al mismo tiempo la historia del hospital infantil del gueto donde trabajaron ambas (el ya mencionado hospital de los Bershon y Bauman) para conocer la trayectoria y el papel que jugó Anna Braude-Heller en la medicina del gueto. Para esto último nos basaremos principalmente en la historia descrita en el libro Getto warszawskie. Przewodnik po niestniejącym mieście (Gueto de Varsovia. Guía por un lugar inexistente), de Barbara Engelking y Jacek Leociak.

Y ahora, a modo de presentación, veamos el siguiente fragmento de las memorias de Adina Blady-Szwajger en el que relata el momento en que conoció a Anna Braude-Heller, poco antes de que se creara el gueto de Varsovia, cuando siendo estudiante del último curso de Medicina acudió al hospital de los Bersohn y Bauman para solicitar unas prácticas:

El 11 de marzo de 1940 me presenté en el hospital de los Bersohn y Bauman de Varsovia en la calle Sienna 60 ante la médica jefe Anna Braude-Heller. Conocía ya un poco a esta pequeña mujer de pelo negro que hablaba con una profunda voz de alto y se movía con una asombrosa habilidad dada su corpulencia.

Era madre de un amigo mío cercano de los estudios, Arik Heller, con el que iba a clase, y era además la suegra de Marysia Natanblut, amiga mía íntima desde temprana edad.

La doctora jefe personificaba todos los sueños y aspiraciones de cualquier mujer que principiara en la profesión de pediatra. Era una doctora apreciada y conocida, una magnífica organizadora de acciones sociales. Además, lo que no dejaba de ser significativo para las chicas que tenían la cabeza en las nubes, era un personaje romántico. Siempre vestida de negro denso. Tras la muerte de su hijo, debida –oh, ironía– a una apendicitis no diagnosticada, nunca se quitó el luto. Después, ya en la época del hospital, me dijo una vez que ese había sido su mayor pecado en relación con Arik [su segundo hijo], a quien había quitado la alegría y la despreocupación de la infancia. Pero eso fue después.

Aquel día mirando por encima de sus gafas a la chica asustada que tenía delante tan solo dijo:

–Quiere usted trabajar con nosotros, bien. Le asigno a medicina interna para auxiliar a la doctora Keilson. Pero antes preséntese ante el comisario médico, el doctor Skoneczny. Es el despacho de al lado.

Le di las gracias educadamente. Ya en la puerta me pararon unas palabras pronunciadas en un tono totalmente diferente:

–Y Arik y Marysia no han vuelto…

Me di la vuelta y dije ya saliendo:

–Sé que no tardarán en volver, doctora

Tras estudiar en Zúrich, Berlín y San Petersburgo y tras volver a Varsovia en el año 1913 y ejercer como médica en varios hospitales, Anna Braude-Heller se había convertido en directora del hospital de los Bersohn y Bauman en el año 1930. Este hospital había sido fundado en el 1878 sufragado por las familias Bersohn y Bauman. Entre los años 1905 y 1912 Janusz Korczak trabajó en este mismo hospital, que dejó para empezar a dirigir Dom Sierot, el orfelinato al frente del cual estaría hasta su muerte en Treblinka en agosto de 1942. Por su parte, Anna Braude trabajó en el hospital de 1914 a 1916

El hospital cerró en el año 1923 debido a problemas económicos, pero volvió a abrir 7 años después gracias a una amplia acción social impulsada por iniciativa de Anna Braude-Heller.

También por iniciativa suya en 1919 había sido creado el Towarzystwo Przyjaciół Dzieci (TPD) (Asociación de Amigos de los Niños) –que todavía existe y se dedica a ayudar de manera muy amplia y a velar por los derechos de los niños–, así como la primera escuela de enfermería infantil de Polonia, que la propia Braude dirigió hasta el año 1923.

Así pues, en 1930, como hemos dicho, el hospital de los Bershon y Bauman volvió abrir. Para dicho fin, el edificio –sito en las calles Śliska 51/Sienna 60– fue renovado y desde su nueva apertura Anna Braude fue la médico jefe. En el momento en que estalló la segunda guerra este hospital infantil disponía de más de 250 camas y era considerado el hospitall pediátrico más avanzado de Polonia.

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Hospital de los Bershon y Bauman, 1930 (wikipedia)

Durante la invasión de Polonia por los alemanes y el consiguiente bombardeo de Varsovia, el hospital no sufrió daños importantes. Tras la invasión alemana sus fuentes de financiación se cortaron, pero el Joint salió en su auxilio y se encargó de apoyarlo económicamente.

Desde el inicio de la ocupación, los alemanes asignaron un comisario al hospital, el doctor Skoneczny (mencionado en el fragmento de más arriba), polaco criado y formado en Alemania. Al principio fue recibido con temor, pero luego se reveló ser de mucha ayuda en su esfuerzo por conseguir alimentos y medicamentos para los niños, así como para, en 1941, prolongar la presencia de personal “ario” en el hospital o, ya durante la primera gran operación de deportación de verano de 1942, establecer contactos en el lado “ario” para esconder a varias personas. Se menciona a este doctor en una de las historias de amor de Y hubo amor en el gueto, de Marek Edelman, libro editado en España. El propio Edelman había empezado a trabajar como recadero en el hospital ya antes de la guerra y durante la ocupación su suerte, como veremos, estuvo ligada estrechamente a la del hospital.

Al crearse el gueto, el hospital de los Bershon y Bauman quedó dentro del “gueto pequeño”, por lo que no se tuvo que organizar ningún traslado. A medida que las condiciones de vida en el gueto fueron empeorando, el trabajo en el hospital fue cada vez más intenso: enfermos de tifus, de tuberculosis, al hospital llegaban niños que se morían de hambre o que habían sido disparados en la calle.

Adina Blady-Szwajger evoca en sus memorias:

Fui a la planta baja a por mi ropa. Vi que en el vestíbulo había gente y batas blancas. Eso significaba que de nuevo había heridos, porque en la “wacha” [entrada del gueto] se encontraba “Frankestein”. Éste era un gendarme que se divertía disparando a los niños como a gorriones. Porque cuando los niños volvían de pedir limosna, se introducían de uno en uno por un agujero del muro del gueto. Y él esperaba hasta reunir a algunos, 4-5  “piezas” [o “unidades”, así llamados de manera tan deshumanizante], y entonces disparaba y de un solo disparo los liquidaba a todos. Y si un niño después todavía agonizaba, nos lo enviaban a nuestro hospital y lo atendía el doctor Wilk y a veces se le podía todavía llevar al hospital de Śliska para una intervención quirúrgica, pero otras veces ya no había razones para llevarlo.

Aquel día había un niño pequeño, puede que tuviera ocho o diez años. Tenía un balazo en el hígado y ya no se podía hacer nada por él y yo por casualidad estaba parada a su lado. Entonces justamente abrió los ojos y me miró y sacó una mano en la que apretaba 50 groszy. Dijo: “Dáselos a mamá”, y murió.

Así que así fue mi noche de Pascua en Leszno. Hubo un concierto y luego la pequeña Ryfka, que no había cuidado de su hermanita, y aquel chico cuya vida valía 50 groszy. Y ni siquiera pude entregar a su madre esos 50 groszy, porque ¿adónde iba a buscarla? No sé lo que hice con ellos.

Adina también evoca en otros fragmentos las difíciles condiciones en que se ejercía la medicina y la desesperación en algunos momentos especialmente difíciles del personal médico y de la directora Anna Braude-Heller:

Aquel día murió Felutka. Fue un día de otoño de 1941. Estaba postrada ya desde hacía medio año en cirugía, era una persona adulta de tres años y la preferida de todos. (…) Preciosa y alegre, como alguien de otros tiempos, alegraba los ojos y el corazón. Enfermó de un abceso pulmonar. Las continuas punciones no la ayudaban. El cirujano se había decidido por una intervención quirúgica y murió en la mesa de operaciones. Salía yo de la sección de tuberculosis en el tercer piso y ya iba a bajar cuando alguien me agarró de la mano y me llevó con toda su fuerza hacia la escalera. Era la directora. Con una voz atronadora gritaba: esto no es un médico, sino un carnicero. No pinta nada en nuestro hospital. Ha matado a la cría – su voz se quebró. La miré  – unas lágrimas rodaban por el rostro de nuestra directora. Sin soltarme la mano, corrió hasta abajo, y ya en la planta baja me soltó y entró en la sala de la enfermera principal.

En aquel infierno demencial de muerte la directora lloraba por este único fallecimiento, que podía haberse evitado.

El hospital era su hogar, los niños enfermos, agonizantes eran sus niños. Moría con cada niño al que no se podía salvar, el hospital destrozado continuamente lo volvía a organizar de nuevo.

Llegó un momento en el que ante la afluencia y sobrecarga de enfermos, Anna Braude-Heller decidió abrir una filial del hospital, lo que consiguió hacer realidad en octubre de 1941, cuando una parte del personal (incluida Braude-Heller) y de los enfermos del hospital de la calle Sienna se trasladó a un edificio (antes de la guerra, un establecimiento escolar) en la esquina de las calles Żelazna y Leszno.

Si Anna Braude consiguió abrir una filial fue por la influencia y prestigio de que gozaba como médica y organizadora de acciones sociales tanto en el gueto como antes de la guerra. Desde el otoño del 41 Braude formaba además parte de la Rada Zdrowia (Consejo de Salud) que en forma de comisión se reunía todas las semanas para discutir sobre los problemas de sanidad del gueto de Varsovia. Desde este consejo se organizaba toda la lucha contra las epidemias que azotaban el gueto.

Anna Braude participó además en el proyecto de investigación sobre la enfermedad del hambre, que fue la investigación científica clandestina más importante que se llevó a cabo en el gueto. Esta investigación se vio interrumpida por la primera gran operación de deportación del verano de 1942, pero nada más acabar la guerra, se formó un equipo dirigido por el doctor Emil Apfelbaum –uno de los poquísimos médicos del proyecto que habían sobrevivido (tras las diferentes operaciones de deportación sobrevivieron tan solo 7 de los 24 médicos)– para redactar un libro sobre la investigación, que salió publicado en 1946: Choroba głodowa. Badania kliniczne nad głodem wykonane w getcie warszawskim z roku 1942 (Enfermedad del hambre. Investigación clínica sobre el hambre realizada en el gueto de Varsovia en el año 1942). Ya antes de la liquidación del gueto se había redactado una parte, que se perdió, pero los manuscritos fueron escondidos en el propio gueto y una copia fue enviada a la zona “aria”. Braude-Heller escribió en el gueto el capítulo titulado “Cuadro clínico del hambre en los niños”, que aparecería en la publicación de 1946. Tal como señala el profesor Tomasz Szarota en un artículo, la investigación de Braude-Heller se conservó en el lado “ario” gracias al profesor Witold Eugeniusz Orłowski y a su hijo Tadeusz.

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Una de las fotos del dossier de investigación (wikipedia)

Volviendo ahora a la historia del hospital de los Bershon y Bauman, el hospital principal permaneció en la calle Sienna hasta el 10 de agosto de 1942, momento en que fue liquidado el “pequeño gueto” y se recibió la orden de traslado a la filial de Żelazna en un plazo de 48 horas.

Leociak y Engelkng citan el testimonio del doctor Henryk Koszczor, director administrativo del hospital, que a propósito de ese traslado testimonió ya en los años 70:

Una parte de los niños fue devuelta a sus padres, quienes alarmados por la situación, los habían reclamado. Al resto de niños hubo que trasladarlos a la filial. Para llevar a cabo el transporte, agarré (literalmente) unas carretas en la calle. Conseguí transportar a todos los enfermos así como algunas cosas imprescindibles y ropa. Los aparatos más valiosos como el de rayos X y los analíticos, así como los de la sala de operaciones se quedaron en el lugar. Dejamos también la biblioteca, provista de las obras más recientes así como de ejemplares raros del campo de la Medicina, sobre todo de pediatría. El 12 VIII 1942 al mediodía cerré la puerta del hospital que da a la calle Śliska. Un puñado de trabajadores del hospital, entre los que se encontraban también algunos de sus familiares, atravesó –muchos de ellos por última vez– las calles Twarda, Prosta, Żelazna por el puente sobre la calle Chłodna al hospital en la calle Leszno [Este puente unía el “pequeño gueto” con el resto del gueto y existió desde enero del 42 hasta agosto de ese mismo año, en que fue desmontado tras la liquidación del “pequeño gueto” con la operación de deportación del verano del 42].

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Puente de la calle Chłodna, junio de 1942 (wikipedia)

En el edificio vacío se instaló meses después la Clínica Infantil de la Universidad de Varsovia, que los alemanes mandaron trasladar desde la calle Litewska.

En aquel momento el antiguo establecimiento escolar de la esquina de Leszno con Żelazna ya había sido completamente adaptado a las necesidades del hospital. Además, desde la primavera de aquel año 42 ya estaba muy bien equipado tras un llamamiento de Anna Braude al “matronato”, comité de ayuda creado por madres del gueto.

Como recuerda Adina Blady:

A principios de la primavera de 1942 en las salas había verdaderas camas con verdaderos colchones y en esas camas había ropa blanca de cama y verdaderas mantas. Había incluso bacines y orinales, tazas y escudillas. Así que nos alegramos. De verdad. Seguramente no nos dábamos cuenta de la terrible ironía de esas camitas blancas para los niños que en un par de meses…

Y así fue: en agosto de 1942, al día siguiente de la evacuación del hospital de la calle Sienna, todos los enfermos fueron traladados al edificio de la calle Stawki adyacente a la Umschlagplatz mientras que el personal era acuartelado en la calle Pawia 22, no lejos de la Umschlagplatz, a la que se dirigían en columnas, escoltados y vigilados, cada día para trabajar. La deportación a Treblinka era ya inminente.

El hospital ocupaba un ala del edificio de la calle Stawki; el otro ala pertenecía propiamente a la Umschlagplatz, desde donde partían los trenes hacia Treblinka. Entre ambas alas se abrió un ambulatorio de urgencias.

 

umschlagplatz 1942
Umschlagplatz (1942), a la izq. el edificio del hospital (gazeta wyborcza)

En realidad el ala hospitalaria albergaba ahora los dos hospitales que habían existido en el gueto y que los alemanes habían reunido en este lugar con el fin de liquidarlos: el infantil de los Bershon y Bauman y también el hospital de Czysta, un hospital general considerado también desde principios de siglo como uno de los más modernos de Polonia. Las condiciones se volvieron muy difíciles. Hay que tener en cuenta que otro tanto sucedía en el otro ala del edificio, donde otras personas se hacinaban esperando la deportación.

El 6 de septiembre los alemanes exigieron que se llevara a cabo una reducción de personal de los dos hospitales. Se repartieron unos 200 “numeritos de vida” para alrededor de 500 trabajadores. Un “numerito de vida” era un papelito con un número y se repartían tantos cuantos se consideraban necesarios para cubrir la mano de obra prevista. Los poseedores de dichos numeritos podían permanecer en el gueto y no ser deportados. Anna Braude –al igual que el director del hospital de Czysta–  tenía que tomar la decisión de a quiénes repartir dichos números.

Después ya casi no recuerdo nada. Porque llegaron los alemanes y llevaron a los niños a la Umschlag. Trasladaron el hospital. Y dijeron a la directora que tenía que llevar a cabo una reducción de personal. Y yo vi que allí con ella estaba Arik y pensé que esa reducción no me afectaría y al mismo tiempo que de todas maneras me daba todo igual si se llevaban a los niños.

Y después volví a la sección a aquella sala donde se encontraban los niños y estaba allí la doctora Margolisowa y estaba en su despacho la directora. Y recuerdo que estuvimos en su despacho y que dijo que no quería repartir los numeritos de vida. Recuerdo que le dije: –Si no lo hace, ninguno de nosotros sobrevivirá, porque entonces lo hará el director del hospital para adultos [del hospital de Czysta]. Y toda la gente decía que ella tenía que hacerlo. Esto fue ruin, porque lo cierto es que ninguno de nosotros quería decidir sobre ello, quién tenía que vivir y quién no, y sin embargo se lo exigíamos a ella. Los médicos jefe tenían al parecer automáticamente un número y sobre el resto de personal había que decidir. Después, tras la guerra, pregunté a Arik Heller si sabía por qué nosotros recibimos esos numeritos, es decir, por qué nosotros y no los que eran mayores, que se los merecían mil veces más. Y él entonces me dijo que su madre se decidió por la juventud, que quizás nosotros sobreviviríamos y haríamos todavía cosas en la vida.

Marek Edelman, que seguía formando parte del personal del hospital infantil, dice en Y hubo amor en el gueto:

Todavía sigo pensando por qué la médica jefe me dio un numerito de vida, cuando en el hospital era solo el recadero.

El 12 de septiembre tuvo lugar la liquidación definitiva de los dos hospitales. Se deportó a los enfermos y a una parte del personal a Treblinka.

La primera gran operación de deportación del gueto organizada por los alemanes terminó el 21 de septiembre. El gueto pasó entonces a convertirse un espacio de trabajo esclavo en talleres. Los alemanes autorizaron la apertura de un hospital en el que se reuniría el personal hospitalario superviviente. Se les asignó un edificio de la calle Gęsia 6/8 en el que antes de la guerra había oficinas de empresas y viviendas. La adaptación de este edificio a las funcionalidades de un hospital resultó muy difícil, pero al final logró abrirse y ofrecer una capacidad para 400 pacientes. Era un hospital general, también con una sección de pediatría. El director del hospital era Józef Stein, antiguo director del hospital de Czysta, y Anna Braude fue nombrada subdirectora. Adina Blady, que colaboraba con la Organización de Combatientes Judíos (la ŻOB, en uno de cuyos líderes se convirtió Marek Edelman), había sido enviada como enlace al lado “ario” de Varsovia.

En la siguiente operación de deportación del 18 al 21 de enero de 1943 el hospital de Gęsia resultó muy afectado ya que parte del personal, así como los enfermos que podían moverse fueron llevados a la Umschlagplatz. Los que no podían moverse fueron asesinados allí mismo. Entre el personal exonerado de la deportación se encontraba Anna Braude, quien junto a otros supervivientes consiguieron reorganizar el hospital y volverlo a abrir.

Con el estallido del levantamiento del gueto el 19 de abril del 43 acabó definitivamente cualquier actividad hospitalaria en el gueto. Los alemanes bombardearon y prendieron fuego al edificio de Gęsia 6/8. Según el testimonio del doctor Rotbasalm, guardado en Yav Vashem y citado por Leociak y Engelking:

Un puñado del personal del hospital (médicos, personal del laboratorio, enfermeras… en total unas 15 personas) fuimos a nuestro refugio en el sótano. (…). Todo alrededor estaba ardiendo. Los alemanes prendían fuego a las casas una a una. No podíamos quedarnos en nuestro escondrijo. Un ala del hospital todavía no ardía. Corrimos hacia allí. En las salas yacían los enfermos, muertos de bala. En el primer piso encontramos un lugar desde el que pudimos acceder al patio de otro edificio. Agotados nos sentamos en los escombros. Alrededor podían escucharse los disparos y los gritos.

Los alemanes mataron a los enfermos y al personal que encontraron en el hospital. Una parte también fue enviada a la Umschlagplatz.

La doctora Braude y otras 60 personas (entre ellos también algunos enfermos y una de las hermanas de Anna Braude) lograron esconderse en un búnker. El búnker fue finalmente descubierto el 13 de mayo. Judyta Braude, una de las hermanas de Anna Braude, que había conseguido pasar al lado “ario” y consiguió finalmente sobrevivir, dijo en su testimonio, que también se encuentra en los archivos de Yad Vashem:

Que yo sepa mis hermanas tenían cianuro. Me gustaría creer que lo usaron.

Este fue el final del último hospital del gueto.

Adina Blady escribió en sus memorias:

La directora no salió del hospital. En la última carta que recibimos de ella en marzo de 1943 –tres meses después de mi salida del gueto– escribió: “No os preocupéis por mí, tengo otros planes” y se quedó en los escombros del hospital de la calle Gęsia, el último refugio de los niños enfermos. Pero el hospital de la calle Sienna [ahora] no lleva su nombre. Cuando después de la guerra, en el año 1963, renovaron el edificio y abrieron el “Hospital de los Niños de Varsovia”, nos dijeron que en los tiempos que corrían no era adecuado poner al hospital el nombre “Doctora Anna Braude-Heller”.

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La artista Wisna Lipszyc homenajeó a Braude con este cuadro en una exposición organizada en 2010

El edificio de la calle Sienna –aquel que había albergado al hospital de los Bershon y Bauman desde su fundación– fue de nuevo renovado y modernizado a finales de los años 80. En el 2000 pasó a depender del hospital infantil de Dzienaków Leśny, en las afueras de Varsovia, a donde fue trasladado paulatinamente hasta que cerró sus puertas a finales de 2014. En 2016 el Consejo Provincial de Mazowieckie puso en venta el edificio, que hasta el momento se encuentra sin uso ni nuevo dueño. Según la información del periódico Gazeta Wyborcza de enero de 2016, antes de que saliera a subasta la comunidad judía tenía derecho a comprar primero el edificio, pero aunque estaba interesada no disponía del dinero para hacerlo (se pedían 35 millones de zlotys, más de 8 millones de euros).

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Estado del edificio en enero de 2016 (gazeta wyborcza)

En el año 2001 se colocó una placa en memoria de Anna Braude-Heller en una de las paredes de la fachada del edificio:Tablica_pamiatkowa_Anna_Braude-Hellerowa

 

Referencias:

Adina Blady-Szwajger (2010), I więcej nie pamiętam, Świat Książki, Warszawa.

Barbara Engelking y Jacek Leociak (2013), Getto warszawskie. Przewodnik po niestniejącym mieście, Stowarzyszenie Centrum Badań nad Zagładą Żydów, Warszawa.

Marek Edelman (2009), I była miłość w getcie, Świat Książki, Warszawa (versión en español: Marek Edelman (2013), También hubo amor en el gueto, Galaxia Gutenberg, Barcelona).

https://warszefroj.wordpress.com/

https://pl.wikipedia.org/wiki/Anna_Braude-Hellerowa

https://pl.wikipedia.org/wiki/Szpital_Dzieci%C4%99cy_Bersohn%C3%B3w_i_Bauman%C3%B3w_w_Warszawie

https://en.wikipedia.org/wiki/Umschlagplatz

Tomasz Szarota (2009), Jak zabija głód, en http://wyborcza.pl/duzyformat/1,127290,6279667,Jak_zabija_glod.html

 

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3 comentarios en “Retratos de mujeres del gueto (2): Anna Braude-Heller

  1. Gracias Emilio por hacernos llegar este impactante y tan completo testimonio. Me ha conmovido conocer la historia de esta gran mujer de la que sólo sabía algunos datos y sobre todo del papel que mujeres como ella realizaron con tanta valentía y entereza en ese terrible momento de la historia que le tocó vivir.
    Gracias, gracias.
    Un abrazo muy fuerte
    Chela

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  2. Una vez más, muchas gracias por esta nueva entrada en el blog. Es muy difícil imaginar todo lo que vio y tuvo que superar el personal médico del gueto de Varsovia. Fueron, muchos de ellos, verdaderos héroes: sabían muy bien que lo suyo era una batalla desesperada y, sin embargo, muchos también no cejaron en ello hasta el último aliento. Ningún homenaje podrá hacerles nunca suficiente justicia, pero tu aportación es impagable.

    Que te lean mucho, mil gracias 🙂

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