Recordando / Descubriendo a Zuzanna Ginczanka

Éste es un año en el que una vez más –esta vez con motivo del centenario de su nacimiento– se recuerda a Zuzanna Ginczanka (1917-1944), poetisa que escribió en polaco (aunque su lengua materna era el ruso, el polaco fue la lengua en que eligió escolarizarse y expresarse poéticamente), joven promesa y personaje de la bohemia varsoviana de los años 30, poetisa lírica pero también satírica durante los convulsos años que precedieron al estallido de la II Guerra Mundial.

Un homenaje en Cracovia (con lectura de poemas, conferencias en la universidad o el descubrimiento de una placa conmemorativa en la casa en la que fue detenida), alguna emisión de radio o la reemisión de un documental sobre la poetisa en TVP Kultura, el estreno de un pequeño espectáculo en torno a la autora en el Teatro Judío de Varsovia y, sobre todo, la edición de una nueva antología de poemas, son algunas actividades que se han ido organizando para recordar a la poetisa, siempre dirigidas no tanto al gran público como al interesado en la literatura.

ginczanka_teatr zydowski
Espectáculo teatral “Chodźmy stąd” (“Vámonos de aquí”)

Pero es también un año para descubrir a Zuzanna Ginczanka. Así, este año se ha iniciado un proyecto colaborativo para ir traduciendo su poesía al inglés (puede verse pinchando aquí) y darla de esta forma a conocer en esta lengua. Pero, quizás por primera vez, también se ha hablado de Zuzanna Ginczanka en un medio de comunicación en español. Raquel Cornago, de Radiosefarad, entrevistó en el mes de mayo a Elżbieta Bortkiewicz y esta traductora hizo una interesante semblanza de la poetisa. Y precisamente, dado el afecto y dedicación que durante la entrevista muestra dicha traductora por Zuzanna Ginczanka, resulta sin duda la mejor manera de introducirse en el mundo de la poetisa, en espera de que en un futuro próximo logre editarla. Podéis escuchar la entrevista pinchando aquí, sin olvidar también leer el poema –el más conocido de Ginczanka– que se incluye en la presentación de la emisión y que ha sido traducido por Elżbieta Bortkiewicz.

Tras la escucha de la entrevista, recomiendo también este artículo divulgativo en inglés de culture.pl sobre la poetisa. En él se incluyen muchas fotos que nos ayudan a representarnos mejor la época y a la autora.

Y una vez escuchada la emisión y si no leído por lo menos hojeado el artículo, una curiosidad para aquellos que alguna vez hayan disfrutado con la lectura de Una historia de amor y de oscuridad, de Amos Oz. Se trata en realidad de una feliz coincidencia: Fania Mussman, la madre de Amos, y Zuzanna Ginczanka se criaron en la misma localidad (Równe) y en la misma época (aunque con esto no quiero decir que se conocieran). Fania Mussman era 4 años mayor que Zuzanna Ginczanka. Durante el periodo de entreguerras, Równe –el mismo que vivieron las dos mujeres–, que se encontraba en la zona histórica de Volinia, formaba parte de Polonia. En las localidades de Volinia, como también en las de Galitzia, convivían principalmente las comunidades polaca, judía y ucraniana. En el caso de Równe de una población total (en 1939) de unos 40 mil habitantes algo más de la mitad eran judíos, 15 mil eran polacos y el resto ucranianos y rusos. Amos Oz describe el Równe de aquella época en sus páginas, el que le llegó de los relatos de su madre y de sus tías. Es curioso que aquel mismo Równe (Rovno en ruso, en la edición de Una historia de amor y de oscuridad de Siruela) se haya constituido en parte de su imaginario:

Mi madre me hablaba a veces con nostalgia, con su voz comedida que se alargaba un poco al final de las palabras, del Rovno que dejó atrás: con seis o siete frases podía dibujármelo. He rechazado una y otra vez ir a Rovno, para que las imágenes que me transmitió mi madre siguiesen estando en su lugar.

Si bien tanto Amos Oz como Zuzanna Ginczanka pertenecen ambos a la misma y amplísima tradición cultural de devoción por las palabras, me gusta imaginar una conexión directa –que necesariamente pasa por Równe– entre estos versos de Zuzanna Ginczanka (del poema “Gramatyka”):

(–mas arraigar en las palabras tan gozosamente
y enamorarse de las palabras tan fácilmente–
basta tan sólo tomarlas en la mano y mirarlas bajo la luz como un borgoña)

y estas palabras de Amos Oz cuando de niño:

Vagaba sin cesar, perdido, sonánmbulo, por aquellos bosques virtuales, por aquellos bosques de palabras, cabañas de palabras, prados de palabras. (…). Lo que me rodeaba no me interesaba. Todo lo que me interesaba estaba hecho de palabras.

En Równe (con la o con acento gráfico pronunciada en polaco como una u) había cuatro institutos de secundaria: uno hebreo, uno polaco, uno ucraniano y otro ruso. Fania Mussman estudió en el instituto hebreo; Zuzanna Ginczaka en el polaco. Esto resultó de una enorme trascendencia: la elección del lugar donde estudiarían marcaría el destino de las dos mujeres (una emigraría a Palestina antes de la II Guerra Mundial y viviría el nacimiento del estado de Israel; otra se quedaría en Polonia y moriría durante la Shoá). Otro punto de coincidencia entre las dos mujeres es la fuerza de las relaciones de amistad que forjaron cada una en el instituto. Como narra Amos Oz, su madre siguió manteniendo relaciones muy estrechas con amigas suyas de Równe durante toda su vida en Israel. Por su parte, Zuzanna siguió en contacto con sus amigas de instituto tanto cuando se fue a estudiar a Varsovia y empezó a frecuentar los ambientes literarios, como durante la guerra cuando unas y otras se escondían o –si se lo permitían sus rasgos físicos– llevaban una vida clandestina. De hecho, Zuzanna fue arrestada en su escondite en Cracovia junto con una de sus amigas, Blumka Fradis –que le había ido a ver–, encarcelada y posteriormente fusilada junto a ella.

Dicen los estudiosos de Zuzanna Ginczanka que cada vez que se habla de esta poetisa en Polonia es como si viniera pero no se quedara y se volviera a ir, como diciendo que cada vez pasa de nuevo al olvido. Y es que esta poetisa estuvo prácticamente olvidada hasta los años 90 y tan solo gracias a la tesis doctoral de Izolda Kiec –que más tarde dio lugar a un libro sobre la autora acompañado de una antología de poemas– fue recuperada y en su justa medida valorada (hasta entonces su obra conservada se consideraba como poemas de juventud). Según dice la propia Izolda Kiec, en las dos antologías publicadas con anterioridad se habían modificado incluso algunos versos con la pretensión de mejorarlos. Con posterioridad al libro de Kiec, se publicó otro libro importante sobre Ginczanka (su autora: Agata Araszkiewicz) y se han ido publicado antologías en los años 2011, 2014 y 2015. Además, en el 2014 se realizó un un documental italo-polaco (el tráiler, aquí) muy destacado, pues en ella da testimonio una de las amigas íntimas de Zuzanna, Lusia Stauber (también se la puede escuchar aquí en este vídeo de 4 minutos rodado por su nieto el cineasta Marcin Latałło). Así pues, de Ginczanka y sobre Ginczanka se publica con periodicidad en Polonia, pero la forma en que se deja de hablar de ella después inquieta a sus estudiosos.

Marek Wasilewski, crítico de arte, escribe:

¿Por qué hasta ahora Ginczanka no ha quedado fijada en la literatura polaca? Existe cuando vuelve, pero cuando vuelve no se queda, desaparece, hasta el momento en que alguien anuncia su vuelta. ¿Por qué no se queda con nosotros?

Irena Grudzińska-Gross, historiadora de la literatura polaca, de la universidad de Princeton, quizás precisamente por encontrarse lejos de Polonia es más incisiva:

¿Qué pasa con Ginczanka? ¿Por qué esta resistencia? Tan estupenda poetisa y ¿por qué no leemos sus poemas tranquilamente, de noche, para que nada nos moleste, y solo lo hacemos nerviosamente, con inquietud? (…) Seguramente porque no se conformó con su propia muerte, no dejó de luchar por la vida, escribió un poema acusador, que hasta hoy no se ha agotado. (…). No leo a nadie así, nadie me inquieta de esta forma. Su vida no está cerrada. (…). Me la imagino hoy, con más de noventa años, sentada en un ilustre jurado. O agonizante entonces cuando murió, pero sin ese último poema, como murieron muchos, sin dejar testigos. Entonces la leeríamos con tranquilidad. O por lo menos con más tranquilidad. Sin ese temblor, que no la deja entrar en el cánon.

Estas citas provienen del catálogo de una exposición sobre Zuzanna Ginczaka que organizó el Museo de Literatura de Varsovia entre octubre de 2015 y febrero de 2016.

wystawa ginczanka
Exposición “Tylko szczęście jest prawdziwym życiem” (“Solo la felicidad es la verdadera vida”)

El Museo de Literatura es depositario de la mayoría de manuscritos de Ginczanka. Yo tuve la oportunidad de ir a dicha exposición y fue de esta manera cómo supe por primera vez de este personaje. Pero recuerdo que me llamó la atención cómo se llenó de repente la sala donde se proyectaba el documental italo-polaco sobre Ginczanka cuando de pronto entró un grupo de alumnos de secundaria con su profesora. Todos se sentaron y se quedaron hasta el final para verlo. También otro día hablando en otras circunstancias con una profesora de polaco de un instituto de secundaria me nombró a Ginczanka como ejemplo de poeta al que si bien se le asocia a un determinado grupo de poetas consiguió su propio modo de expresión. Con esto quiero decir que si, como dice Grudzińska-Gross, Ginczanka no ha entrado todavía en el cánon oficial, sí me ha parecido –aunque no tenga datos concretos para asegurarlo– que es apreciada por quienes enseñan la literatura, lo cual es tanto o más importante como lo primero. Aunque al fin y al cabo lo que más cuenta son las vivencias personales al leer a un autor y las asociadas a las circunstancias en que se lleva a cabo dicha lectura. Izolda Kiec lo explica de manera muy hermosa en un texto escrito en 2015 (que aparece en el catálogo de la exposición), tras décadas de lecturas de Ginczanka:

Si lo fundamental es que el encuentro tiene lugar no solo en el tiempo sino también a través del tiempo, entonces a Zuzanna Ginczanka la encontré tres veces. Cada vez asombrada de que su microuniverso viva su propia vida y que incluso después de años, cuando vuelvo a él, ya no sea el mismo. Pero no es que cambie. Soy yo, cada vez mayor –experimentada continuamente y de formas diversas–, veo y sé algo nuevo, descubro en el destino y las palabras de la poetisa más cosas: tanto sobre ella como sobre mi misma. Y en este sentido son mis encuentros más importantes en los microcosmos.

Pero aún lo más maravilloso es el posible cuarto encuentro de Izolda con Zuzanna o el que Izolda misma va propiciando entre su hija Dagmara y Zuzanna:

Seguramente le echaré valor e intentaré encontrar entre las palabras y bajo la máscara más vetusta de una hermosa sonrisa, a una cada vez más madura, a una más experimentada Zuzanna… Este será nuestro siguiente, el cuarto, quizás el último encuentro…

Mientras tanto sin embargo descubro algunos de los más tempranos poemas adolescentes de Zuzanna Gincburżanka [así la llamaba una profesora del instituto polaco de Równe], (…). Leo estos versos con mi hija de diez años, que divisa en ellos su mundo: reflexiones sobre lecturas, controles, aprendizaje de la geometría y de la ortografía, viajes inspirados en el estudio del mapa, simpatías hacia compañeros y disputas. Ahora son sus poemas. De ella y de Ginczanka.

Esperando que en un futuro cercano podamos realizar también nuestro propio encuentro personal con Zuzanna en español, terminamos esta entrada con el homenaje en forma de poema de otra lectora de sus poemas, la poetisa Dorota Chróślcielewska (1948-1996). El poema lo incluye Izolda Kiec en su libro junto a poemas de otros muchos poetas inspirados en Zuzanna Ginczanka.

Zuzanna Ginczanka

Zuzanna Ginczanka tenía los ojos
uno de ellos enfermo y el otro azul
un ojo dolía en el verso
el azul era el de la felicidad

Zuzanna Ginczanka tenía pequeñas manos
una blanca y la otra blanca
una lúcida cabeza se alzaba en la nuca
una lúcida cabeza en las manos se alzaba

la blanca mano escribía un poema blanco
la blanca mano lo escribía rojo
una mano acariciaba a un gato (1)
la otra mano se unía al puño

éste es el ojo azul de la felicidad
el de la felicidad veinteañera
el ojo de Ginczanka herido
dolía en el poema rojo

Zuzanna Ginczanka tenía una trenza
insumisa
de modo  que se la arrancaron (2)
de la lúcida cabeza en la violentada nuca

de la lúcida cabeza alzada en las manos
y echó a volar la trenza al cielo
de Zuzanna insumiso y negro
y echó a volar en la memoria
ardió lentamente
solo arden en llamas las estrellas rojas
las estrellas blancas de Zuzanna Ginczanka

(1) Referencia al célebre poema “Gramática” (ya citado más arriba), con el que Ginczanka ganó un premio en el concurso de Jóvenes Poetas organizado por la revista Wiadomości Literackie en 1934: “los adjetivos se estiran como gatos / y como los gatos son creados para las caricias”.

(2) Referencia a las torturas que sufrió tras su detención por la Gestapo. Según el relato recogido por Izolda Kiec de una de las compañeras de celda de Zuzanna:

A Zuzanna le daba mucho miedo que la pegaran, pero encontraron con ella el método y es que lo más importante para ella era el cabello. Realmente tenía un cabello hermoso, largo, negro. Durante los interrogatorios siempre se lo recomponía. La Gestapo se  dio cuenta de ello y con toda la crueldad comenzaron a tirarle de él, a arrancárselo.

Referencias utilizadas en esta entrada:

Amos Oz, Una historia de amor y de oscuridad, Siruela, Madrid, 2015.

VVAA, Zuzanna Ginczanka. Tylko szczęście jest prawdziwym życiem, Muzeum Literatury im. Adama Mickiewicza / Fundacja Polskiej Sztuki Nowczesniej, Warszawa, 2015.

Izolda Kiec, Zuzanna Ginczanka. Życie i twórczość, Obserwator, Poznań, 2014.

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6 comentarios en “Recordando / Descubriendo a Zuzanna Ginczanka

  1. Querido Emilio, gracias por esta fantástica entrada en tu blog, como todo lo que publicas es interesante y muy especialmente, por darnos a conocer esta gran mujer y a muchos otros poetas, judíos, desconocidos en el mundo hispano. Los enlaces son buenísimos. Tu trabajo como siempre es maravilloso… Ojala sean traducidos al español sus poemas y que en Polonia “no se la vuelva a olvidar”. Un abrazo fuerte

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  2. ¡Qué bonita semblanza! No conocía a esta poetisa, y es que yo de poesía estoy siempre en pañales. Así que más agradecida aún por dárnosla a conocer. Como he escrito en mi muro de FB al copiar esta entrada de tu blog: “cultura de verdad”. Muchas gracias y coincido totalmente con el comentario de Chela.

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  3. Querido Emilio:
    Gracias por esta excelente crítica de un libro que seguro que en mayo compraré y leeré con mucho gusto.
    También gracias por hacernos conocer otro mundo que los idiomas nos bloquean…
    Muchas felicidades y que 2018 sea para ti y tu familia, un año dulce, feliz y próspero
    Un abrazo muy fuerte

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