A 50 años de los sucesos de marzo del 68

Año tras año la imagen del mundo
experimenta un cambio profundo.
La cultura la luz el progreso,
mas ustedes lo reducen todo siempre a eso:
– que sótanos secretos poseo,
– que paso las noches contando el dinero,
– que la guerra se organiza a toda prisa,
– si los Sabios de Sión así lo precisan.
(Władysław Szlengel, “Nihil novi”, 1937)

Este año 2018 se cumplen cincuenta años de los llamados “sucesos de marzo del 68” en Polonia. Estos sucesos son recordados en estos momentos en Polonia con bastantes publicaciones (artículos en prensa y libros) y también, entre otras cosas, con dos exposiciones, ambas en Varsovia: una en el museo Polin y otra en la Casa de los Encuentros con la Historia (Dom Spotkań z Historią). Tuve la oportunidad de visitar la primera de estas exposiciones, la del museo Polin. Con agrado encontré en ella varias referencias a Michał Głowinśki, cuyas memorias ya comentamos hace tiempo en este blog, y al mismo tiempo tuve la ocasión de descubrir a Tomasz Żukowski, un investigador que se ocupa de estudiar la imagen de los judíos en relación con la Shoá en el discurso público en Polonia, así como el papel de dicho discurso en la definición de la identidad polaca.

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Exposición “Extraño en casa. En torno a marzo del 68” (museo Polin)

Los sucesos “de marzo” fueron la culminación de las tensiones que desde hacía tiempo existían entre el gobierno comunista de entonces –cuyo secretario general era desde 1956 Władysław Gomułka– y grupos de estudiantes universitarios, principalmente de Varsovia y Wrocław, apoyados por algunos intelectuales de la época. No cabe aquí desarrollar la cronología de dichos sucesos y de sus precedentes (basta con consultar la información que da por ejemplo aquí Wikipedia), pero sí cabe resumir la culminación de dichos sucesos en una frase: el partido comunista resolvió la crisis iniciando una campaña antisemita –con Gomułka y el ministro del Interior Mieczysław Moczar a la cabeza– que culpaba a una “quinta columna” constituida por “sionistas” “antipatriotas” de las protestas y desórdenes en las universidades. Dicha campaña dio inicio a una purga  (muchos polacos de origen judío, trabajaran donde trabajaran, perdieron su puesto de trabajo) y forzó el exilio de unas 12 mil personas, a las que el gobierno permitió salir del país no sin que antes renunciaran a la nacionalidad polaca.

La exposición temporal organizada por el museo Polin traza de manera muy exhasutiva los precedentes y el desarrollo de dichos acontecimientos, además de con paneles, fotografías y objetos de la época, con documentos audiovisuales y también –lo que resulta especialmente interesante– con referencias a documentales rodados sobre el tema durante ese año 68 o poco tiempo después. Hay también una referencia a la película Salto en la que se hace un análisis de la escena más famosa de la película.

Pero a mi parecer, lo más interesante de la exposición es la relación que se establece entre los acontecimientos de marzo y la actualidad, entre el antisemitismo de entonces y el que a veces ahora aflora, si bien lo hace de manera más contenida. En una de las secciones al final de la exposición se recogen comentarios antisemitas que aparecen actualmente tanto en internet como en grafitis o en notas y cartas enviadas a la embajada de Israel en Polonia. Se hace un interesante paralelismo entre estos comentarios de hoy y las consignas de la propaganda oficial durante la campaña de marzo del 68 para demostrar que el discurso no ha cambiado.

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Ejemplo de carta anónima enviada a la embajada de Israel (natemat.pl)

Precisamente Michał Głowiński, ya por entonces en el 68 investigador universitario, fue tomando notas sobre el discurso público al calor de los acontecimientos en una suerte de diario lingüístico que empezó a escribir solo para el cajón en el año 67 y que se prolongaría hasta la caída del comunismo. Estas notas sobre el lenguaje de la propaganda fueron no hace mucho reunidas y publicadas en un libro titulado Zła mowa (El habla mala).

En las anotaciones que corresponden al periodo de finales de los sesenta, Głowiński analiza el uso de expresiones como “patriotas”, “sionista”, “nación”, “la nación condena”… En sus notas Głowiński afirma algo muy interesante y significativo: para llevar a cabo la campaña contra los judíos la propaganda oficial recuperó el lenguaje antisemita fascista de los años 30 (recordemos ya de paso que una de las máximas expresiones –y logros– del activismo antisemita de los años 30 fue el llamado “gueto de las gradas”, por el cual en algunas universidades polacas los estudiantes de origen judío estaban obligados sentarse en lugar aparte en las aulas).

En una de las anotaciones con fecha de 13 de septiembre de 1968 de esta suerte de diario lingüístico Głowiński escribe lo siguiente:

La lengua es un instrumento sensible. Anoto cualquier palpitación en la vida social, tanto más que los acontecimientos dramáticos encuentran asimismo un reflejo en ella. Los enseguida llamados acontecimentos  de marzo entraron –por así decirlo– en la lengua. Esto se manifestó en tres puntos:

  1. En la reactivación de las fórmulas del propio estalinismo, es decir, de la primera mitad de los años cincuenta;
  2. En la introducción en la vida de la lengua tradicional de la derecha, sobre todo en sus formas de los años treinta;
  3. En el recurso a la lengua de la prensa sensacionalista que apelaba a los más bajos instintos.

(…)

A pesar de las apariencias, estas observaciones no conciernen únicamente a la lengua de la propaganda. Atañen también al habla diaria de la gente corriente: son al fin y al cabo vasos comunicantes.

Más de 40 años después Michał Głowiński confirmaba estas impresiones en el siguiente fragmento de una entrevista dada para Telewizja Literacka (escuchar aquí el fragmento).

Y apenas hace medio año, en la presentación de la reedición de uno de sus libros, a la que yo tuve oportunidad de ir, Głowiński fue todavía más lejos al afirmar que encontraba un punto en común entre la lengua de la propaganda durante el comunismo y la lengua del actual gobierno de Polonia, la del partido nacionalista-católico PIS: su idea de “Polonia”, de “polaco”, excluye a quienes no piensan como ellos, es una forma de apropiarse de esos términos para excluir a quienes no piensan igual ellos, según Głowiński.

En la introducción a la edición de la recopilación de sus notas en Zła mowa Głowiński rememora los motivos que le llevaron a escribirlas, así como la actualidad del lenguaje de la propaganda:

Alimenté la convicción (por otra parte, la sigo alimentando) de que hay que ocuparse del habla pública, sobre todo cuando se encuentra fundamentada y saturada por una ideología, ya sea de derechas o de izquierdas, pero claramente autoritaria o incluso totalitaria, y que hay que mostrar el propio carácter de este fenómeno y reflexionar sobre su papel social.

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Edición de Zła mowa (wielkalitera.pl)

Así pues, es esta correlación en el tiempo, hasta llegar a nuestros días, lo que pone de manifiesto la exposición en el museo Polin (aunque con mucha prudencia de no hacer referencia al actual gobierno). Lo hace también en otra parte de la exposición, en la que el profesor Tomasz Żukowski (del Instituto de Investigaciones Literarias de la Academia Polaca de Ciencias) comenta en un vídeo el documental propagandístico Sprawiedliwi (Justos), producido aquel mismo año 68. Se trata de un documental en el que toman la palabra personas que ayudaron o que fueron testigos de la ayuda dispensada a los judíos por polacos durante la ocupación. Lo que puede parecer más sorprendente en este documental, según Żukowski, si nos situamos en la época, es que aparezcan personas de tendencia política opuesta (comunistas junto con personas vinculadas al nacionalismo tradicional), pero unidas en una sola voz para alabar la actitud irreprochable de los polacos con respecto a los judíos durante la ocupación. Según Żukowski, el leitmotiv de los polacos como la nación de los Justos –cuyo texto fundacional fue el manifiesto ¡Protesta!, redactado por Zofia Kossak (y que ya tradujimos aquí)– empieza a aflorar siempre que sobreviene una ola de antisemitismo y señala que esto mismo sucedió en el 68 o también por ejemplo en los años 2000 tras la publicación de Vecinos de Jan Tomasz Gross (vilipendiado precisamente hoy por sus críticas hacia el tratamiento actual de la memoria por el gobierno del PIS). Aunque lo que marcó claramente la diferencia en el 68 es que esa ola se expresó en el discurso público sin ninguna contención. De acuerdo también con Żukowski, este leitmotiv está muy arraigado en la cultura polaca y además “su código continúa vivo”.

En un artículo publicado en 2012 en la revista Studia Litteraria Historia (del Instituto de Estudios Eslavos de la Academia Polaca de Ciencias) Żukowski hace una interesante correlación temporal entre el documental Sprawiedliwi (Justos) (Janusz Kidawa, 1968), la película Historia Kowalskich (Historia de la familia Kowalski) (Maciej Pawlicki, 2009) y In Darkness (En la oscuridad) (Agnieszka Holland, 2011). Así como Sprawiedliwi fue realizado en el contexto de los sucesos de marzo de 1968, la película Historia de los Kowalski fue una de las muchas reacciones a la publicación en el año 2000 del libro Vecinos (traducido al español) de Jan Tomasz Gross, que había revelado la masacre de Jedawbne. Se puede decir que esta reacción tuvo cierto carácter oficial, ya que la película contó con el patrocinio del por entonces presidente de Polonia Lech Kaczyński, del partido que actualmente preside y gobierna el país.

Żukowski lleva a cabo una interesante descripción de los elementos que caracterizan el discurso nacionalista sobre la relación entre judíos y polacos durante la ocupación y que condiciona no solo la visión que sobre aquellos hechos se tiene sino también la visión y relación con los judíos en la actualidad (así como la que fue predominante en los sucesos de marzo del 68). Creo que puede ser interesante resumir muy brevemente aquí esos elementos del discurso:

  • Simetría del sufrimiento: correspondencia en el grado de sufrimiento entre judíos y polacos durante la ocupación, presentado como una unidad: se quería exterminar a todos.
  • Los polacos fueron solidarios hasta incluso a llegar a ofrecer su vida por salvar judíos; los judíos, en cambio, solo pensaban en su propia salvación. Figura del judío desagradecido, a pesar del socorro que se le dispensó.
  • El carácter nacional de los polacos, su espíritu nacional noble y solidario. La figura del buen antisemita: incluso aquellos que eran antisemitas se comportaron de manera humanitaria y ofrecieron su ayuda, rechazaron los métodos nazis, la violencia.
  • Los polacos no pudieron hacer nada. Salvaron a todos los judíos que pudieron, pero no pudieron hacer más. Los propios judíos fueron culpables de lo que les pasó, pues no fueron solidarios entre sí, les perdió su egoísmo y su afán de salvarse a sí mismos a cualquier precio. También fue culpa de los aliados, que no hicieron nada a pesar de que los polacos les informaron de lo que pasaba. Tampoco los judíos de América no hicieron nada por ayudarles.
  • En todas partes hay gente de baja ralea. Los casos que hubo de polacos que colaboraron en el exterminio fueron de gente marginal. Pero además, los bajos fondos también existían entre los judíos.

En lo que a la correlación en el tiempo se refiere, estos elementos del discurso se muestran sin tapujos en el documental Sprawiedliwi. Posteriormente, según Żukowski, en Historia de la familia Kowalski no aparece la figura del judío desagradecido, pero sí se marca el contraste entre el “alma polaca” y el “alma judía”.

Historia de la familia Kowalski (que se puede ver aquí subtitulada en inglés) narra la historia real de una familia polaca que fue quemada por los nazis en un pajar junto a los judíos a quienes escondían. La escena de la muerte entre llamas de esta familia polaca en un pajar junto a los judíos a los que escondían es una respuesta en la guerra de la comunicación a la muerte de la que da cuenta Gross en su libro de los judíos de Jedwabne apaleados y posteriormente quemados en un pajar por sus vecinos polacos:

Gross tiene que entrar en el pensamiento de cualquiera que vea a los vecinos polacos arriesgando su vida por salvar a los judíos de alrededor, así como el pajar envuelto en llamas filmado con ímpetu y en el cual mueren los “Justos”. A parte de esto, los motivos conocidos: simetría del sufrimiento, pues los polacos y judíos sufren una muerte común; ayuda generalizada y solidaridad de los polacos hacia los judíos perseguidos; marginalidad de la delación (uno de los personajes es antisemita, pero manifiestamente todos le menosprecian y no cae bien a nadie, y encima es gordo y feo). No cabe tampoco ninguna duda de que aunque solo se cuenta una historia, su protagonista es en esencia colectivo: los polacos, la nación. La primera escena empieza con una toma actual. Aparecen unas jóvenes en un centro comercial, un desenfoque de transición y ya estamos en Ciepielów setenta años antes. Un final parecido: nietas y biznietas de los “Justos”. Una gran familia. Nosotros.

¿Y los judíos? Declaran que se sienten polacos de confesión judía, cantan el himno polaco cuando acogen a una delegación de las autoridades polacas en la sinagoga. Pero al mismo tiempo sienten inclinación por distancirse, no quieren inmiscuirse en los asuntos de los goyim. Con aversión miran las salidas y los amoríos de los jóvenes. El espectador polaco puede tratarlos con simpatía, porque respetan las normas dictadas por la mayoría. Agradecen a los polacos los siglos de hospitalidad, por lo que dan a entender que saben quién es aquí el anfitrión y quién manda aquí. Dan buena fe de ello, relegan y explican el antisemitismo (“bueno, es que nos tienen un poco de envidia por nuestro éxito en el comercio”), pero lo más importante, ponen entre signos de interrogación su propio valor. Uno de los viejos judíos pregunta: «Y tú Abraham, ¿pondrías en peligro de muerte a tus hijos para salvar la de un goy?». Los espectadores saben que no. Y no hay en ello ningún estereotipo: es que son sus propias palabras.

historia kowalskich
Cartel de Historia de la familia Kowalski (filmweb.pl)

Según Żukowski, esta representación de las relaciones entre judíos y polacos también aparece en la película In Darkness, de Agnieszka Holland, si bien tan solo en ciertos aspectos e –insiste en ello– de manera no intencionada. Pero a mi parecer, en esta no intencionalidad no deja de ser inquietante que este tipo de discurso se infiltre en cierta manera en su obra. Esto nos puede hacer ver lo vulnerables que somos todos. Aunque para este investigador, el problema de esta película reside realmente en lo no declarado, en que aquello que la película no muestra falsea el resto de la película:

El quid de la cuestión reside en que la película no muestra lo que en realidad se debía vencer así como por qué la historia de Leopold Socha fue excepcional e inverosímil.

Lo que se debía vencer era el modelo de actitud hacia los judíos, es decir, ser Justo era ir contra la norma social; por eso, su historia ya resulta inverosímil de por sí, porque ese ir contra la norma no se convierte en objeto de descripción ni de reflexión en la película:

En el caso de los Justos la propia fórmula de realismo se convierte en problemática. Por dos motivos. Primero, la convención realista exige creer que los acontecimientos que se presenten en la pantalla sean verosímiles; segundo, que reflejen las reglas de la vida social. En el caso del Holocausto, y principalmente de los polacos salvadores y los judíos salvados, sus historias son excepcionales, inverosímiles –simplemente por estadística– y no se ajustan a la imagen de la norma social. Son desviaciones del comportamiento aceptado como norma, así como la expresión de desacuerdo de algunos individuos en la aceptación generalizada de esa forma de comportamiento. Al fantasma de los Justos le gusta solo servirse de la máscara del realismo. Escuchad –escuchamos–, he aquí una historia verdadera y humana, sacad conclusiones de ella.

Quizás parezca que me he alejado bastante de mi propósito inicial, que era escribir sobre los acontecimientos de marzo del 68 en Polonia. Sin embargo, la exposición del museo Polin y alguna que otra lectura me han hecho tomar conciencia de una forma de considerar esos sucesos: no fueron una excepción, tampoco un producto único del régimen comunista (como el discurso oficial quiere hoy transmitir mediante el “todos fuimos víctimas”), sino una de las crisis en la que se manifiesta algo mucho más inveterado, arraigado en Polonia y que Tomasz Żukowski llama en su artículo “el fantasma de los Justos”. Desde esta perspectiva, según este investigador:

[Es una] situación como en Espectros de Ibsen. Sabemos pero no sabemos. El ciudadano respetable y padre de familia tenía una enfermedad vergonzosa y la dejó como herencia.(…).

Como en Espectros de Ibsen, los espectros polacos encontraron lugar en el centro de nuestra vida. En aquello que consideramos normal y aceptable. Para confrontarse con él, tenemos que reflexionar sobre el modelo de cultura en el que vivimos. (…). Por la historia de los Justos discurre a menudo gente llena de buena voluntad –como seguramente Agnieszka Holland– y que quiere luchar contra las fobias antisemitas. Pero por desgracia aquí la buena voluntad no basta. Hay un proverbio que dice que el infierno está empedrado de buenas intenciones.

Referencias de esta entrada:

Traducción libre de fragmentos de:

Michał Głowiński, Zła mowa, Wielka Litera, Warszawa, 2016.

Tomasz Żukowski, “Fantazmat «Sprawiedkiwych» i film W ciemności Agnieszki Holland”, Studia Literaria Historica, Instytut Badań Literackich PAN, 1/2012.

La cita del encabezamiento es una traducción literaria de un fragmento del poema “Nihil novi”, publicado en la antología de poemas Władysław Szlengel. Poeta nieznany. Wybór tekstów, Bellona, Warszawa, 2013.

Nota: puede verse el documental Sprawiedliwi (1968), en versión completa (aunque solo en polaco) editada y publicada en Youtube por un grupo de extrema derecha. Más abajo del vídeo pueden leerse multitud de comentarios antisemitas de personas que han visto el documental.

 

 

 

 

 

 

 

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2 comentarios en “A 50 años de los sucesos de marzo del 68

  1. Tremenda entrada, muy erudita para todos los que no leemos en polaco. Al final, parece que siempre tenemos que volver a lo mismo, a la “larga duración” de la que hablaba Braudel. Todos los fenómenos históricos son, al fin y al cabo de largo aliento, ¿no? Se desarrollan a lo largo de un periodo de tiempo mucho más extenso del que quizás seamos capaces de comprender. Tremendo que menos de veinte años después de que hubiesen sido exterminados los judíos polacos todavía se pudiera organizar una campaña antisemita en Polonia. Produce escalofríos, pero no solo por la referencia a Polonia sino por todo lo que nos invita a reflexionar sobre otras situaciones, otros momentos…

    Mil gracias por esta nueva entrada, tan apasionante y trabajada como todas las demás. Gracias a pesar de la desazón que produce leerla y de la tremenda pena. Al final, y aunque se diga lo contrario, Ringelblum tenía razón. Bien sabía él lo que escribía bajo aquel invernadero de la calle Grójecka.

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    1. Desgraciadamente creo que hay razones para el pesimismo, por lo menos en cuanto al antisemitismo inveterado y arragaido se refiere… Contaba el marido de una amiga mía que hace unos días, el día del aniversario del levantamiento del gueto, iba en autobús y llevaba en la chaqueta pegada un narciso de papel de los que se reparten en la calle ese día y un señor se le acercó y le preguntó si sabía lo que era Judeopolonia (https://en.wikipedia.org/wiki/Judeopolonia)… Un término del antisemitismo decimonónico usado en pleno siglo XXI, cuando además apenas quedan judíos en Polonia…
      En cambio, sí me parece que ciertas ideas recibidas (a las que todos estamos expuestos), como el manido “somos (Polonia) el país que más Justos de los Naciones tiene” (como indicando con eso un comportamiento irreprochable de los polacos durante la ocupación) sí se puede intentar corregir. Es primero un trabajo personal, un esfuerzo por intentar comprender las cosas, pero también después uno pedagógico en las ocasiones en las que se puede abrir los ojos a los demás. Siempre que estén dispuestos por lo menos a entreabrirlos…

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