Archivo de la categoría: Auschwitz

Un poema de Halina Birenbaum

Mencionábamos en la entrada anterior a un sacerdote polaco, Wojciech Lemański, que se ha convertido en “conservador” de la memoria de la Shoá allí adonde es destinado como párroco. Pues bien, contaba este mismo sacerdote que cada último sábado de mes va a Treblinka y allí reza unos salmos, oraciones y recita un poema de Halina Birenbaum, superviviente del gueto de Varsovia y de los campos de Majdanek, Auschwitz, Ravensbrück y Neustadt-Glewe, titulado Id a Treblinka. Es un bellísimo poema del que me he permitido hacer una traducción libre:

Id a Treblinka,
abrid bien los ojos,
aguzad bien los oídos,
contened la respiración, escuchad las voces que allí emanan
de debajo de cada grano de tierra. Sigue leyendo Un poema de Halina Birenbaum

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Magda Hollander-Lafon: Quatre petits bouts de pain (Cuatro trocitos de pan)

Magda Hollander-Lafon nació y se crió en la Hungría de antes de la guerra en el seno de una familia judía asimilada.

Mi vida se detuvo a los deiciséis años, en plena crisis de adolescencia, en plena crisis con mis padres. En Auschwitz dejé a mi madre y a mi hermana sin ni siquiera una mirada o un gesto, y cuando me pregunté por su ausencia una kapo polaca me dijo con un tono indiferente: “Mira la chimena en llamas, ya están todos allí dentro”. Mi vida se detuvo una segunda vez.

Así pues, la familia de Magda formó parte de aquellas alrededor de cuatrocientas treinta ocho mil personas deportadas a Auschwitz durante tan sólo cuarenta y seis días en la primavera y comienzos del verano de 1944, la mayoría de las cuales fueron gaseadas nada más llegar al campo.

En Birkenau, una moribunda me hizo una señal: abriendo su mano, que contenía cuatro trocitos de pan enmohecido, con una voz apenas audible me dijo: “Toma. Tú eres joven, tú tienes que vivir para dar testimonio de lo que sucede aquí. Tienes que decirlo para que esto no vuelva a suceder en el mundo”. Tomé esos cuatro trocitos de pan, los comí delante de ella. Leí en su rostro la bondad y el abandono al mismo tiempo.

En realidad este episodio permaneció en el olvido de la autora durante treinta años hasta que leyó una entrevista a Darquier de Pellepoix en la que éste declaraba: “Les voy a decir yo lo que sucedió exactamente en Auschwitz. Se llevaron a cabo gaseamientos. Sí, es verdad. Pero lo que se gaseó fueron piojos”. Una nota respecto a Daquier de Pellepoix: fue un periodista y activista nacionalista, ultracatólico, antisemita, colaboracionista durante la guerra, implicado en la redada del Velódromo de Invierno. Tras la liberación de Francia, se exilió en España, donde vivió tranquilamente y trabajó de profesor de francés. Sólo con motivo de la entrevista publicada en Francia, el estado francés pidió su extradicción, pero España se la negó. Pocos años después, en 1980, murió en Málaga. Esa entrevista, pues, retrotajo a Magda Hollander a la época de los campos, lo que le devolvió la imagen de la mujer que le tendió aquellos trocitos de pan. Fue entonces cuando decidió dar testimonio -tal como le había pedido aquella mujer que le ofreció pan en Birkenau- y escribió Los caminos del tiempo (Les chemins du temps, publicado en 1977), que constituye ahora la primera parte –más testimonial– de Cuatro trocitos de pan (Quatre petits bouts de pain, 2012). Sigue leyendo Magda Hollander-Lafon: Quatre petits bouts de pain (Cuatro trocitos de pan)